¿Siempre discutís con el mismo hijo? La razón podría estar en vos y no te estarías dando cuenta
La experta en crianza Marta Segrelles explica por qué los padres pueden tener más conflictos con uno de los hijos que con los otros.


Las discusiones entre padres e hijos son habituales y forman parte de la convivencia familiar. Sin embargo, cuando hay varios hermanos, puede ocurrir que los conflictos sean mucho más frecuentes con uno de ellos. Según la psicología que estudia los vínculos familiares, una posible explicación está en el parecido entre ambos.

La psicóloga y experta en crianza Marta Segrelles sostiene que algunos padres pueden sentirse especialmente irritados ante determinadas conductas de un hijo porque reconocen, consciente o inconscientemente, rasgos propios en ellas.

De esta manera, el hijo o hija con quien más se discute podría ser, en algunos casos, aquel que más se parece al padre o a la madre en determinados comportamientos, reacciones o formas de afrontar las situaciones.
De acuerdo con esta explicación psicológica, los hijos pueden reproducir actitudes y comportamientos que observaron o aprendieron de sus padres. El conflicto aparece cuando esos rasgos coinciden precisamente con características que el adulto rechaza de sí mismo o de las que se arrepiente.
Por ejemplo, una persona que durante años tuvo dificultades para controlar su impulsividad podría reaccionar con mayor intensidad cuando observa ese mismo comportamiento en uno de sus hijos.
No necesariamente significa que todos los conflictos entre padres e hijos respondan a este motivo. Sin embargo, reconocer cuándo una conducta genera una reacción desproporcionada puede ayudar a comprender qué está sucediendo detrás de las discusiones recurrentes.
Dentro de la psicología existe un mecanismo conocido como “proyección”, mediante el cual una persona atribuye o reconoce en los demás determinados pensamientos, emociones o características propias que le resultan difíciles de aceptar.

En los vínculos familiares, este fenómeno puede aparecer cuando un padre o una madre identifica en su hijo características que también forman parte de su personalidad y que considera negativas.
Al encontrarse frente a una especie de “espejo”, determinadas actitudes pueden provocar mayor irritación y desencadenar enfrentamientos que se repiten alrededor de situaciones similares.
Por eso, antes de concentrarse exclusivamente en corregir el comportamiento del hijo, puede resultar útil preguntarse por qué esa conducta genera tanto enojo y si existe algún aspecto personal relacionado con ella.


Este proceso requiere paciencia y constancia, ya que reconocer características propias que resultan incómodas no siempre es sencillo.
En definitiva, discutir más con un hijo que con otro no implica necesariamente que exista menos afecto. En algunos casos, las diferencias pueden estar relacionadas precisamente con aquello que ambos tienen en común y con la dificultad del adulto para reconocer determinados rasgos propios reflejados en sus hijos.