A casi dos meses del terremoto del 18 de enero con epicentro en San Juan, las intensas lluvias de la semana pasada golpearon nuevamente a los damnificados por el sismo, tanto que más de 400 familias sufrieron pérdidas materiales por las tormentas. Muchas de ellas fueron evacuadas, mientras que otras se quedaron para reconstruir lo que pudieran. En Pocito, uno de los lugares más golpeados por estos desastres naturales, viven las hermanas Cabrera que se echaron al hombro la enorme tarea de levantar lo que el agua y el temblor le tiraron al piso.

Se trata de Andrea de 23 años, Daniela de 20 y Sara de 18. Son tres hermanas de cuatro que trabajan para reconstruir su casa, tarea por demás complicada y laboriosa. Viven en calle Aberastain pasando 15. Su abuelo, Pedro Cabrera, las ayuda y las acompaña en semejante labor. Andrea, la mayor de las Cabrera, habló con Diario Huarpe y recordó: “Fueron días de terror. La lluvia nos complicó, pero dentro de todo estamos bien”.

Las complicaciones, lógicamente, no fueron solo para ellas. Esta realidad que hoy les toca vivir en carne propia se repite en múltiples familias de la zona que en poco menos de dos meses sufrieron las inclemencias de la naturaleza como nunca antes. Allí, donde su abuelo formó la familia, el sueño de las tres hermanas está en poder volver a poner de pie ese lecho familiar que tanto significa para ellas y donde hoy viven siete integrantes.

Si bien recibieron un módulo habitacional luego de que el terremoto les tirara abajo la casa, las hermanas Cabrera se pusieron a ampliar la vivienda y en menos de una semana edificaron una extensión que recubre la casa y les permite resguardar los muebles que dormían a la intemperie. “Entre todos tratamos de ir levantando un poco esto. Es complicado lo que estamos viviendo porque perdimos todo. Nos quedamos prácticamente en la calle”, contó Daniela.

Pedro, el abuelo, resaltó el compromiso de las chicas. En este tiempo recibieron mercadería, pero más allá de eso, ellas redoblan esfuerzos para conseguir el sustento diario. El propósito es claro: levantar su casa para poder seguir escribiendo la historia familiar con la impronta femenina.