Hace cuatro meses que la pandemia los dejó en territorio cuyano. Viajan con los animales y dos hijos.


Angie Milli y Mo Abdoulvahab son dos europeos que llegaron a San Juan hace cuatro meses. Su plan era unir Argentina con México a caballo pero la pandemia los detuvo en la provincia cuyana. Mientras el resto del mundo sufre el encierro por el coronavirus, ellos viven feliz en un pequeño paraiso donde sus hijos pueden salir a la calle y jugar tranquilos.

“Esta es la vida“, aseguró Angie a Diario de Cuyo. Ella es de polonia y hace dos años, junto a su marido que es francés, empezaron la expedición. Además de los animales, viajan con sus dos hijos Iyan (3) e Ingis (2). Cuando en San Juan se habilitó el turismo interno ellos decidieron irse hasta Niquivil, en Jáchal, al norte del territorio provincial. Ahí esperan a que vuelvan a abrir las fronteras para seguir con su aventura.

“Nuestro proyecto es para realizarlo en 10 años o más. Lo hacemos en partes, porque es una experiencia muy cara. Empezamos en julio de 2018 y el año pasado en el invierno de aquí volvimos a Europa a trabajar durante 6 meses para ahorrar dinero. Regresamos en octubre para seguir. Ahora queremos terminar Argentina y después volver a Europa a trabajar”, comentaron. 

Mo Abdoulvahab es francés y Angie Milli es de polonia.

La odisea de la familia empezó en el sur de Argentina a donde llegaron en avión. En Bariloche compraron los caballos y luego pudieron traer de Europa la casa rodante donde ahora descansan por las noches. “Mo cabalga de mañana y yo conduzco la camioneta y después cambiamos“, explicó Angie. La pareja difunde sus expediciones en su página “Toursinexpeditions” y cuentan todo lo que pasaron en el país.

Lo más difícil para ellos fue el idioma ya que aseguran que no encontraron mucha gente en su camino que hablara inglés y ellos no manejan demasiado el español. Apenas comenzó la pandemia, hicieron los trámites para volver a Europa y tenían la autorización para volver a sus hogares pero un trámite médico hizo que tuvieran que quedarse. Eso, sumado a que en la provincia cuyana se vive una tranquilidad que no existe en otras partes del mundo, ya que no hay circulación comunitaria del virus, los terminó de convencer de quedarse.




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