El juez Matías Ferrón ordenó investigar a fondo a dos policías sanjuaninos por el robo de un teléfono. El aparato desapareció de la puerta de la vivienda del propietario, en la localidad de Chimbas, y a las pocas horas apareció entre las pertenencias de uno de los uniformados. Mientras tanto los acusados fueron suspendidos de su trabajo y, de ser hallados culpables, podrían ser procesados por hurto.

Los jovenes que están sospechados de participar en la sustracción del teléfono cumplen funciones como cabo y agente en la Comisaría 23º. Justamente el viernes pasado, según la versión del denunciante, estuvieron patrullando la zona cuando dejó apoyado su teléfono en un gabinete y por una urgencia ingresó a su casa. Para el hombre uno de los uniformados aprovechó ese descuido, bajó del patrullero y se llevó el aparato.

Estuvo tan seguro de su testimonio que inmediatamente denunció la sustracción y apuntó contra los policías. Curiosamente, luego del reclamo formal, los colegas encontraron el celular en manos de uno de los denunciados. Y si bien se defendió y explicó que no tenía intenciones de quedarselo, que de hecho iba a avisar que lo tenía, esta versión no convenció del todo a sus superiores.

Lo que no le cierra a los investigadores es por qué demoró en avisar a sus jefes o a la guardia que había encontrado un teléfono. Su compañero de patrulla tampoco intervino como corresponde. "A simple vista, esos efectivos podrían haber tomado otros caminos como avisar al propio dueño de casa de la presencia de ese aparato. O en todo caso haber dado novedad apenas llegaron a la seccional, pero hubo una demora y ahí comenzaron las dudas", dijo un vocero a Diario de Cuyo.

Ahora el caso es investigado en la Subsecretaría de Inspección y Control de Gestión de la Seguridad Pública, dirigida por Eduardo Gallastegui. Allí sólo confirmaron la existencia de la denuncia.