La hipertensión arterial es la elevación de la presión arterial por encima de los valores normales. Hay que tener presente que no siempre este cuadro presenta síntomas que nos alerten sobre él.

No obstante, los tratamientos actuales han permitido que esta enfermedad tenga muy buen pronóstico, siempre que la tratemos de manera oportuna. ¿De qué manera? La medicación adecuada, junto con un estilo de vida saludable, el bajo consumo de sal y un peso apropiado suelen ser medidas suficientes, en la mayoría de los casos, para controlar la condición.

En verano, la persona hipertensa se expone a cuadros de deshidratación. El calor incide tanto en la dilatación de las arterias como en la deshidratación, por lo que estos individuos transpiran mucho y pueden tener problemas si no toman el líquido suficiente. Tanto la dilatación como la deshidratación son factores importantes para controlar en quienes padecen hipertensión.

Los afectados por los cambios de temperatura deben consultar con el médico, quien puede modificar temporalmente los medicamentos recetados para ajustarse a la época, reduciendo las molestias de los pacientes.

La presión arterial elevada se relaciona especialmente con estos otros factores:

Aterosclerosis: proceso por el cual las arterias se endurecen y forman placa. Esto dificulta el paso de la sangre y puede generar el desarrollo de una afección cardíaca crónica o aguda.

Cambios en la visión: la hipertensión puede afectar nuestros ojos (el cuadro se denomina “retinopatía hipertensiva”) y provocar roturas en las pequeñas arterias que los conforman.

Insuficiencia renal: las crisis hipertensivas pueden producir edemas pulmonares debido a la rotura de los capilares, con el consecuente ingreso de líquido en los pulmones.

Por otra parte, un día de calor puede facilitar el descenso brusco de la tensión arterial, cuadro conocido como hipotensión. Esto genera algunos síntomas muy específicos y fáciles de identificar: decaimiento, pesadez, vértigo, mareos y náuseas, sensación de agotamiento y atontamiento, dificultad para respirar, palpitaciones y rigidez en la zona de la nuca.

Si se presentan todos o algunos de estos signos y la situación se prolonga durante algunas horas, es posible que la persona llegue al desmayo.

Es posible mantener la hipertensión controlada con el debido tratamiento y algunas recomendaciones básicas: comer de manera saludable incorporando frutas, verduras y pescado a la dieta, evitar la sal, hidratarse de forma correcta (dos litros de agua al día, sobre todo cuando hace mucho calor), hacer ejercicios y evitar el sedentarismo, mantener el tratamiento indicado por el médico, no fumar y disminuir el consumo de alcohol.

Además de las bebidas alcohólicas, también les hace muy bien a las personas con hipertensión evitar las gaseosas, no comer en exceso ni ingerir alimentos con mucha grasa, no usar ropa ajustada ni telas que retengan el calor, ni hacer esfuerzos físicos ni gimnasia o deportes en horarios en que impacta más el sol.

* Médico cardiólogo y nefrólogo, Sanatorio Modelo de Caseros.