Hablando de la extinción de especies, la ciencia sostiene que ni la prevalencia, ni la abundancia, ni la diversidad determinan una vida dominante.


¿Podrá otro pariente, más lejano, primate, mamífero o de otra índole, desarrollar inteligencia y una sociedad similar a la nuestra?

De acuerdo a Luc Bussiere en Lecturer in Biological Sciences de la University of Stirling, la historia nos dice que debemos esperar algunos cambios fundamentales cuando los humanos ya no sean la especie animal dominante del planeta.

Es muy probable que los humanos desaparezcan mucho antes de que el sol se expanda en un gigante rojo y extermine a todos los seres vivos de la Tierra. Y entonces, qué encontraríamos si pudiéramos mirar hacia adelante en la Tierra unos 50 millones de años después de nuestra desaparición?

Esta pregunta ha despertado miles de especulaciones y muchos escritores han armado listas de posibles especies dominantes.

Pero conviene aclarar que cuando decimos especies dominantes y, según algunos estándares, ni la prevalencia, ni la abundancia, ni la diversidad son el requisito primordial para ser una forma de vida “dominante”. En cambio, nuestra imaginación es capturada por organismos grandes y carismáticos.

Bussiere recalca en su investigación que existe un alto grado de narcisismo en la designación humana de las especies dominantes y una fuerte tendencia a otorgar el título a familiares cercanos.

MIrada del hombre sobre su especie

Pero es poco factible que las sociedades de primates no humanos dominen a tierra, porque es probable que los monos se extingan antes que nosotros.

Actualmente somos el único homínido vivo que no está en peligro de extinción o en peligro crítico y el tipo de crisis global que extinguiría a nuestra especie probablemente se adelante con las poblaciones de los otros grandes simios. De hecho, cualquier evento de extinción que afecte a los seres humanos probablemente será más peligroso para los organismos que comparten nuestros requisitos fisiológicos básicos.

Incluso si los humanos sucumben a una pandemia global, los grandes simios son precisamente las especies con mayor riesgo de contraer cualquier enfermedad nueva.

De todas las especies que posiblemente fueron animales dominantes en algún momento de la historia de la Tierra, los humanos están solos en su notable inteligencia y destreza manual. De ello se deduce que estos rasgos no son requisitos para ser dominantes ni que permitan evolucionar.

La evolución no favorece a la inteligencia por sí misma, sino sólo si conduce a una mayor supervivencia y éxito reproductivo. Es un error imaginar que nuestros sucesores serán criaturas especialmente inteligentes o sociales, o capaces de hablar o ser adeptos a la tecnología humana.

Entonces, la especulación más segura sobre las especies dominantes luego de la extinción de la humanidad es que no hay ninguna idea de cómo será, aunque sí se puede afirmar qué no será.

El mundo fue testigo a lo largo de la historia de una serie de eventos de extinción masiva. La diversificación de la vida después de cada evento fue relativamente rápida, y la “radiación adaptativa” de las nuevas especies produjo nuevas formas, muchas de las cuales se diferenciaron las familias que las generaron después de sobrevivir a la extinción anterior.

Las pequeñas criaturas que vivían bajo los pies de los dinosaurios en el período Cretácico tardío se veían muy diferentes a los osos, mastodontes y ballenas que descendían de ellos durante la era de los mamíferos. Del mismo modo, los reptiles que sobrevivieron a la extinción tardía del Pérmico hace unos 250 millones de años, que mataron al 90% de las especies marinas y al 70% de las especies terrestres no presagiaron claramente los pterosaurios, los dinosaurios y los mamíferos y aves que descendieron de ellos.

En “La vida maravillosa: Burgess Shale y la naturaleza de la historia”, Stephen J. Gould argumentó que la casualidad, o la contingencia, como él lo llamó, jugó un gran papel durante las más importantes transiciones de la vida animal.

Esta idea de Gould es un humilde recordatorio de la complejidad de las transiciones evolutivas.

Entonces, concluye Luc Bussiere, si bien puede ser posible que, como muchos han especulado, las hormigas se apoderen de nuestra función en la Tierra, es imposible que sepamos cómo serán esas hormigas dominantes descendientes de las actuales.





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