Se da en zonas de alto poder adquisitivo y ha hecho resurgir infecciones y virus que estaban desaparecidos.


Una peligrosa tendencia crece entre los habitantes más pudientes de Hollywood: los padres deciden no vacunar a sus hijos, ignorando las recomendaciones médicas.

Más allá de que sienten que es una decisión familiar, ésta afecta a todos los habitantes del país y ya tuvo como consecuencia la propagación de infecciones y virus que estaban desparecidos, como la tos ferina o el sarampión.

De acuerdo a una investigación realizada por el diario The Hollywood Reporter, en la que pidió a los colegios del condado de Los Ángeles informes médicos de sus estudiantes, las zonas de mayor poder adquisitivo como Santa Monica o Beverly Hills tenían los menores índices de niños vacunados.

Las autoridades de los colegios se quejan pero los padres se niegan a vacunar a sus hijos porque, según sus argumentos, las vacunas provocan alergias, ansiedades, asma, eczema, entre otros cuadros. Sin embargo, está comprobado por la medicina que las vacunas no tienen estos efectos.

Esta tendencia ha llevado a que los índices vacunatorios de California se equiparen con los de Sudán del Sur o Chad, países africanos con limitado acceso a la salud.

“Siempre existieron este tipo de ideas y personas dispuestas a creerlas”, explicaba hace un tiempo Guadalupe Nogués, doctora en biología, docente y autora de Pensar con otros: una guía de supervivencia en tiempos de posverdad, en una entrevista con Rumbos. Pero el problema es que ahora están las redes sociales. “Los que antes eran un puñado de personas que se reunía en la casa de uno, hoy es un club de gente disperso globalmente y que no necesita conocerse en persona”, dice la especialista, y agrega que con internet “es más sencillo caer en la confusión y pensar que hay algo discutible, cuando en la realidad tal controversia no existe. Estos son los estragos que hace la posverdad”.

La especialista asegura que al decidir no vacunarse, también se pone en peligro a la sociedad. “Vacunarse sirve para proteger a los más vulnerables, como niños y ancianos. Es un acto de amor hacia el prójimo”, concluye.





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