La novela llegó tarde al mundo de los lectores, pero a partir del siglo XVIII su éxito fue fulminante.


En tiempo de encierro, muchos prefieren leer a ponerse a cocinar o ver televisión y aunque hago un poco de todo, soy adicta al libro. Y según mi investigación personal, esto es lo que la gente está leyendo: mucho policial, incluyendo a Agatha Christie, Henning Mankell y Fred Vargas.

Por otra parte, familiares y amigos me dicen que prefieren releer libros que les gustaron hace mucho tiempo, o cuando eran chicos: los tranquilizan. Unos pocos volvieron a la poesía, los varones prefieren leer historia o ensayo –no sobre temas actuales, sino del pasado– y las mujeres, casi sin excepción, eligen la novela.

¿Qué es la novela? ¿Por qué la novela?

Ifor Evans, un ensayista británico, dijo que la narrativa es la forma más amplia de la literatura, puesto que todos los géneros caben en ella: la epopeya, la balada, la anécdota, la leyenda, el cuento y hasta la poesía.

Hoy nos parece mentira, pero la humanidad lleva más tiempo escribiendo y leyendo en verso que en prosa, y fue Walter Scott quien demostró que la prosa, convertida en novela, da una dimensión distinta al relato, ya que le posibilita recrear atmósferas y ahondar en sentimientos y caracteres.

Podemos definir la novela como una narración en prosa, basada en una historia en donde el autor puede pintar personajes y la vida de una época, analizar sentimientos y pasiones, las reacciones de hombres y mujeres en el escenario de su propia época o cualquiera que elija el autor.

Además, puede dar rienda suelta a la fantasía, tocar lo sobrenatural, hacer reír, llorar o inventar absurdos.

La novela llegó tarde al mundo de los lectores, pero a partir del siglo XVIII, su éxito fue fulminante. Sin olvidar que fue la novela la que propició que se abrieran las bibliotecas circulantes, una especie de club donde gentes de diferentes sexos y culturas podían encontrarse tras un gusto común: leer.

Todo ello debido a que la revolución industrial había creado una nueva clase social, con sentido de persistencia y deseosa de adelantar: la clase media. Para principios del siglo XIX ya tenía presencia en Inglaterra, y para fines del siglo, se contaba entre las más lectoras de Gran Bretaña. Para ellas, especialmente, se abrieron las bibliotecas circulantes, que ya aparecen en las novelas de Jane Austen y de Elizabeth Gaskell.

Dice Evans que una de las mayores atracciones para los lectores de la novela es el diálogo. Muchos autores modernos prefieren obviarlos y en algún momento se puso de moda eso de no saber quién habla y de deducirlo, a través de una página continuada en prosa sin resquicios.

Además, la novela tiene otra característica: es la única forma literaria donde las mujeres han sobrepasado a los varones. Ifor Evans, en 1947, escribía proféticamente: “La novela del futuro puede tocar más a la mujer que al hombre; es probable que la mayor parte de los lectores de novelas de hoy en día –y el día de mañana– sean mujeres.” Y así fue.

Es difícil estudiar la historia de la novela por la diversidad de géneros y por la abundancia de lo escrito. Quizá podamos dividirla entre las contemporáneas a su autor y la que se desenvuelven en el pasado. Pero al aparecer, la Ciencia Ficción en la segunda mitad del siglo XX se volvió la preferida por millones de lectores: ella nos colocó en un futuro incierto y en mundos inexistentes. Tal como hoy nos encontramos.

Sugerencias:

1) Leer La isla, de Aldous Huxley.

2) Y ya que estamos, Rebelión en la Granja, de George Orwell, que acabo de encontrar en mi biblioteca de juventud. Estoy segura de que les van a gustar.


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Cristina Bajo En casa



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