La empresa de entretenimiento suma a su catálogo el maravilloso film italiano de 1974, aquel por el cual Al Pacino ganó el Oscar que tanto se le había resistido.


¿Cuándo se volverá a bailar tango? No imagino que en el mediano plazo haya mucha gente dispuesta a apretarse con desconocidos en una pista sudada y superpoblada. El tango está espiritualmente en las antípodas del concepto de distanciamiento social y prevención sanitaria.

El cabeceo (que se ha vuelto cada vez más unisex) se destina a personas random, que quién sabe qué protocolos siguen y qué círculos frecuentan. Y el contacto físico sin miramientos es casi-casi que su razón de ser. El tango es entrega ciega, argentinidad al palo, anulación de pruritos, y vaya uno a saber qué lugar va a encontrar en esta era de unos a dos pasos de los otros.

Deliberaba mentalmente sobre esto hace un par de noches, mientras veía aquella mítica escena de Perfume de mujer, en la que Al Pacino danza con una bella “pebeta” al compás de “Por una cabeza”. Netflix la acaba de sumar a su catálogo, ahora que se le están acabando las producciones prepandémicas: es la remake hollywoodense de una maravilla italiana de 1974, protagonizada por el gran Vittorio Gassman.

Pacino ganó el Oscar que tanto se le había resistido con este papel de un militar ciego y cascarrabias que redescubre las ganas de vivir luchando causas perdidas y bailando tango. Es cierto que por momentos su coreografía se parece más a un pasodoble, pero igual la escena es una delicia. La belleza jactansiosa, despreocupada, sanitariamente incorrecta, de bailar pegados.


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