¿Verdad o fraude? Descubrí cuales son los secretos detrás de un éxito literario como El motel del voyeur.


Gay Talese es un mito del periodismo estadounidense, un personaje muy particular que nunca sale a la calle si no es perfectamente trajeado y con sombrero de ala, uno de esos cronistas que lograron que sus obras se exhiban en las bateas de la literatura con mayúsculas.

Hace unos años, este elegante caballero publicó un libro incendiario sobre la historia del dueño de uno de esos moteles de carretera tan típicos de la América profunda que se dedicaba a espiar a sus clientes mientras mantenían relaciones sexuales.

En El motel del voyeur que aquí fue editado por Alfaguara, Talese narra cómo tomó contacto con Gerald Foos, cómo fue invitado por éste a conocer sus “instalaciones” (en las que ambos espiaron juntos a varias parejas) y cómo el fisgón afirmaba haber elaborado un certero estudio de los comportamientos amorosos de la sociedad gracias a estas prácticas ocultas.

El libro fue un éxito absoluto. Los vientos hinchaban las velas de la leyenda viva de Gay Talese. Hasta que el Washington Post ató cabos y fechas y, tras una pormenorizada investigación, reveló que buena parte de la historia estaba compuesta por mentiras y exageraciones del bueno de Gerald Foos.

Hay un excelente documental en Netflix, titulado Voyeur, que describe esta parábola de ascención y caída. Talese no tuvo mala fe, simplemene se enamoró de su criatura. Se cegó con las luces. No pudo evitar caer en el peor pecado del periodismo, ese que reza: “nunca dejes que la verdad te arruine una buena historia”.





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