Un especialista explica qué les pasa a las personas en los períodos de descanso y deja tips para superar las crisis.


Cuando una pareja no se está llevando bien, muchas veces, sus integrantes consideran que hacer un viaje juntos y salir de la rutina va a afianzar la relación. Sin embargo, marzo y agosto son los meses con mayor cantidad de solicitudes de divorcios, por eso las vacaciones se conocen también como la “temporada de divorcios”, ya que pasar más tiempo con el otro también incrementa los roces.

El problema, es que durante el año el trabajo, las obligaciones y el cuidado de los hijos (en algunos casos) ocupan la mayor parte de nuestro tiempo y nos ubican en una zona de confort. Y, muchas parejas pueden sentirse desconectadas o tener roces por cuestiones cotidianas, pero piensan que, cuando compartan tiempo juntos, las cosas se solucionarán como por arte de magia.

Sin embargo, al encontrarse cara a cara, en una pequeña habitación de hotel y pasar muchas horas juntos, se dan cuenta que la solución no llega, para peor, los problemas se amplifican porque desaparecen aquellas ocupaciones que contenían la explosión del conflicto.

Pensar que la relación de pareja va a mejorar por estar más tiempo juntos es un error, si antes no se solucionan los problemas (Foto: Archivo)

El Licenciado en Psicología UBA Raúl Menalled (MN 18314) habló con Vía País y explicó qué le pasa a las parejas en crisis cuando se toman un descanso y por qué aumentan los divorcios en esta temporada.

“El término ‘amor’ abarca realidades enormemente variadas, de hecho el amor de pareja se aleja de muchos de nuestros ideales, pues es más posesivo que generoso, y en él adaptarse a las necesidades del otro es un reto constante. Cuando en una pareja las cosas van bien las actividades compartidas durante las vacaciones pueden hacer que las cosas vayan aún mejor. Se cree que aprovechando el tiempo de descanso para relajarse y disfrutar juntos va a solucionar los problemas. Esto no sucede, se crean expectativas que no siempre se cumplen. Así que al final, una gran decepción hace que de lo único que se tienen ganas es de volver cuanto antes a la rutina“, comienza explicando el especialista.

Menalled cita al célebre psicoanalista Sigmund Freud, quien en su libro ” Pulsiones y destinos de la pulsión” define al amor como una relación del “yo” con sus objetos de placer, por lo que el primer amor es narcisista. Siendo narcisista el amor en sus orígenes, éste siempre aspira a dominar el objeto, aunque en el enamoramiento haya un sometimiento inicial al mismo. Se da una dinámica de lucha de poder perpetua en cualquier relación de pareja.

“En el período de descanso la pareja va a compartir muchos más momentos juntos, por lo que los conflictos y el estrés acumulado generan más enfrentamientos, haciendo de la convivencia una situación complicada”, detalla el psicólogo.

En este marco, Menalled cuenta que las principales discusiones comienzan por los gastos, los hijos, por el ocio, pero en este periodo se agregan las tensiones de todos los días. “Las vacaciones no son la causa de la separación, pero sí el desencadenante”, advierte el especialista, y explica: “Seguramente algo no estaba bien antes, compartir más tiempo juntos y una crisis latente, hacen que el estar tantos días juntos sea una prueba de fuego“.

La “media naranja” es un mito

El narcisismo de cada persona hace imposible el que una pareja se convierta en “uno solo” (Foto: Archivo)

El Licenciado en Psicología Raúl Menalled cita la frase de Jacques Lacan “No hay relación sexual” para explicar que “lo imposible es la relación sexual en el sentido de complementariedad, de hacer de dos uno. Amar no es imposible. Lo que no es posible es la ilusión de la ‘media naranja’“.

Así, cuando la pareja creía estar de acuerdo en algo fundamental sin estarlo, reubicarse se vuelve necesario, pero esto implica renuncias que solo pueden llevarse a cabo si el narcisismo de ambos es lo suficientemente flexible.

Tips para superar el verano en pareja

Las vacaciones son uno de los momentos en los que las parejas enfrentan sus peores discusiones (Foto: Archivo)

– No usemos las obligaciones y la rutina o el cansancio como excusa para evitar sentarnos, mirarnos a los ojos y solucionar aquello que nos disgusta o nos distancia.

– Si evitamos y obviamos el problema, solo hará que se agrande y se manifieste con más intensidad, siempre es mejor enfrentarlo tratando de no lastimar ni agredir al otro.

– Percibamos las vacaciones como una oportunidad para redescubrir a nuestra pareja, para dedicarnos tiempo y revivir la pasión que sentimos alguna vez.

Expresar y aceptar las opiniones del otro, así como aprender a negociar y llegar a acuerdos conjuntos.

– Es importante que la pareja dedique tiempo a escuchar y entender qué es lo que piensa y siente el otro. Sin juzgar hacerlo desde la empatía y el cariño.

– La calidad de la comunicación en la pareja es fundamental, para preservarla o para que la relación llegue a su fin.





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