Nada mejor que comenzar el año leyendo libros que nos pongan de buen humor y expresen que la vida no es tan mala.


Nada mejor que terminar o comenzar el año leyendo libros que nos pongan de buen humor, no porque sean humorísticos, sino porque enhebran lo triste con lo alegre, lo dramático con lo ridículo y poseen ese “algo” del que hablan los ingleses y que no creo tenga equivalente en español. Novelas para las vacaciones que no sean sólo aceptables, sino bien escritas y nos dejen con la certeza de que la vida no es tan mala como creíamos un mes atrás.

Entre esos libros figura el de una británica que, si no entendí mal su biografía, siguió unos talleres literarios en Nueva York, para retornar luego a su patria y regalarnos dos obras muy divertidas que nos dicen mucho, sin que parezca que están cumpliendo con el protocolo de exponer problemas que hoy están al tope en todo artículo, libro, serie y película que nos tiran encima.

Se llama Helen Simonson y el libro El mayor Pettygrew se enamora. Es una novela de hoy y transcurre en uno de esos pueblitos de cottages, mansiones, club de tenis y vecinos apegados a las viejas costumbres.

El personaje, Pettygrew, es un militar retirado, viudo hace varios años –aún recuerda con amor a su mujer–, que tiene un gran sentido del honor y también del humor. Una mañana, al levantarse, recibe la noticia de que su hermano, a quien lo unía un gran afecto, ha muerto: estuvo internado pero su cuñada –con la que Pettygrew no se lleva muy bien– no se tomó el trabajo de avisarle para que, al menos, pudieran despedirse.

Da la casualidad que cuando él se derrumba ante la noticia, aparece en su puerta Mrs. Ali, de origen paquistaní, propietaria de la pequeña tienda del pueblo. Ella también es viuda, también extraña a su marido y atina a ayudarlo cuando él sufre una descompostura emocional. Antes de esto, apenas si habían cruzado palabra sobre los diarios, alguna marca de té especial, quizás el correo… El episodio los llevará a trabar una amistad a la inglesa, pero que abrirá la puerta a muchos personajes de esa Inglaterra que, desde hace siglos, acoge de buena o regular gana a pueblos de todo el mundo.

La discreta Mrs. Ali tiene diez años menos que Pettygrew y está luchando con las presiones familiares, a cuya cabeza está el joven sobrino que aspira a quedarse con la tienda, y otro pariente que quiere recluirla en su casa para que cuide a sus niñitos mientras él y su esposa disfrutan de la vida. Esto, sin agregar al hijo mayor de Pettigrew, un alto ejecutivo londinense que no entiende por qué su padre se aferra a vivir allí.

Pettigrew y la viuda son personas solitarias, pero muy independientes: aman a Rudyard Kipling, leen el mismo tipo de novelas, adoran los paseos por parques solitarios y “la taza de té perfecta”.

Pronto nos damos cuenta de que, a pesar de los problemas de comunicación que tienen, se sentirán atraídos, y esta tímida relación revolucionará a los parientes de ambos hasta grados insospechados.

También causará estragos en la vida social de todos los vecinos, que incluye a un norteamericano riquísimo que quiere comprar el pueblo, inmigrantes hindúes y paquistaníes, defensores de los animales y del medio ambiente, jóvenes que no existen si no es a través de internet, y una fauna social menor difícil de etiquetar.

Dice una nota: “La autora sorprende por la sutileza con que dibuja los personajes, como el irresistible mayor Pettigrew, cuya visión del mundo nos conquista desde la primera página.” Y así es.

Sugerencias:

1) Leer, de la misma autora, El verano antes de la guerra.

 2) Ver la película La Sociedad literaria y el pastel de cáscaras de patatas… La pueden encontrar en Netflix.





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