El Gigante de Arroyito fue escenario de una situación que generó un fuerte rechazo. Durante el último partido de Rosario Central, aparecieron en las tribunas muñecas inflables vestidas con los colores del eterno rival, un gesto que rápidamente se viralizó en redes sociales.

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A los 22 minutos ante Banfield, el clima festivo por el reciente clásico mutó en polémica cuando una lluvia de muñecas inflables con la casaca rojinegra cayó al césped. El juego se frenó entre risas y complicidad, pero el repudio de mujeres contra esta violencia simbólica fue letal y masivo.


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Este tipo de manifestaciones, que forman parte del histórico folclore del fútbol local, fue duramente cuestionado por cruzar el límite del respeto. Para muchos sectores, estas acciones no hacen más que incentivar la violencia.
El ingreso de estos elementos al estadio puso en duda la eficacia de los operativos de control en los ingresos al Gigante. Desde lo estrictamente reglamentario, Rosario Central se enfrenta a posibles multas económicas por parte de la AFA debido a la interrupción del juego y el ingreso de elementos prohibidos.
Sin embargo, el Ministerio de Seguridad de Santa Fe y la propia Secretaría de Género del club se encuentran bajo la lupa: la sociedad reclama que la sanción no sea solo monetaria.
