Ingrid Robles, de 44 años, empezó a estudiar el profesorado de Educación Primaria en el Instituto de Educación Superior Tomás Godoy Cruz -más conocido como Normal- en el 2014. Y el 5 de noviembre logró obtener su título, tras sobreponerse a un cáncer de útero diagnosticado en 2019.

“Entre 2016 y 2017, empecé con problemas de salud: neumonía, dificultades respiratorias, hemorragias y anemia. No obstante este panorama, nunca fue una opción abandonar de la carrera”, confesó la profesora.

En el 2019 a Ingrid le diagnosticaron cáncer de útero: “Para esta fecha, a duras penas estaba cursando los talleres de cuarto; los terminé hacia el final del primer cuatrimestre y me operaron el 27 de julio”.

Luego de atravesar la cirugía, una histerectomía completa, fue el turno de la radioterapia y la braquiterapia. “Durante el tratamiento la pasé muy mal, fue terrible; sin embargo, saqué las materias que me quedaban para hacer la práctica profesional IV con mucho esfuerzo ya que había días en los que no quería salir de la cama”, agregó Robles.

Uno de los grandes apoyos que recibió Ingrid durante este camino fueron sus compañeras.

La ahora profesora siguió con los estudios de chequeos y controles esperando mejorar pronto, pero los resultados no fueron positivos. “Cuando creí que estaba sana, me indicaron que realizara una tomografía por emisión de positrones. Los resultados indicaron que tenía cáncer en los ganglios linfáticos, en cervical, mediastino, columna, abdomen y pelvis”, precisó.

Para entonces, desde el punto de vista académico, Ingrid se encontraba en condiciones de comenzar con su residencia, pero tenía que empezar quimioterapia, que era la única posibilidad de combatir la enfermedad. Así, con una fortaleza incansable, inició sus prácticas docentes en medio del tratamiento. “En ese momento hablé con la profesora María de los Ángeles Curri (jefa de formación inicial del instituto Tomás Godoy Cruz) para compartirle mi situación, pero a la vez para decirle que no quería dejar mi proceso académico”, relató Ingrid.

Un punto para la virtualidad

La virtualidad significó una gran oportunidad para que Robles completara el periodo de formación. De hecho, decidió continuar con su camino dentro de la institución educativa por la posibilidad que brindó la conexión digital. “Dedicar todo un año para la quimioterapia, pensé que sería terrible desaprovechar el tiempo, así que opté por seguir”, apuntó.

Para esta luchadora, la cercanía de docentes del instituto -en especial de la profesora Curri- significó la columna vertebral que sostuvo la última parte de su proceso como estudiante.

“A veces no quería levantarme de la cama, pero sabía que mis alumnos me esperaban detrás de la pantalla”, declaró la nueva profesora en Educación Primaria. Y eso -continuó- la hacía poner más la atención en la labor que en los malestares propios de la quimio. Trabajaba por videollamada con ocho estudiantes de trayectorias débiles.

Finalmente, el 5 de noviembre Ingrid Robles rindió su coloquio final y concluyó su carrera. Más allá de este inestimable logro, con fortaleza admirable continúa formándose en educación.

“A comienzos de año me inscribí en el curso de preceptoría escolar y ya lo finalicé e hice otro acerca de la escritura en nivel superior, que también terminé. ¡Seguiré sacándole el jugo a este tiempo, así el año que viene ya estoy curada y trabajando!”, cerró.