Es en los últimos cuatro meses. Los ansiolíticos también se consumen 20% más.


En los últimos cuatro meses en Mendoza aumentó más del 60% el consumo de medicamentos para regular el sueño.

El dato lo reveló la Cooperativa Farmacéutica de Mendoza, institución que maneja el 50% de la distribución de medicamentos en la provincia.

El malestar por la situación económica, la incertidumbre del futuro, las limitaciones a las libertades individuales, la posibilidad de contagiarse, son solo algunas de las múltiples causas que pueden provocar dificultad para dormir, pero lo cierto es que en abril, mayo, junio y julio de 2020 aumentó el 63% de unidades de productos que tienen como base la melatonina, la hormona que regula el sueño. El dato surge de comparar esos cuatro meses con el mismo periodo del año pasado.

En paralelo, también creció alrededor de un 20% en unidades, la dispensa de ansiolíticos, tales como benzodiacepinas, cuyos referentes más conocidos son el clonazepam y el alprazolam. En este caso sí se necesita prescripción médica para adquirirlos y no tienen como principal función la de regular el sueño, pero habitualmente se los suele utilizar con este propósito.

Elisa Sbriglio, psiquiatra y vicepresidenta de la Asociación de Psiquiatras de Mendoza (Apsim), comentó que, por un lado, han tenido que aumentar las prescripciones en muchos pacientes que ya estaban en tratamiento por haberse intensificado sus síntomas y que, por el otro, tienen nuevos consultantes a los que la cuarentena les ha desencadenado cuadros de ansiedad.

La verdad es que no damos abasto, tanto en lo público como en lo privado, por la cantidad de consultas que tenemos”, expuso la profesional.

Por su parte, el médico psiquiatra Emiliano Leytes aseveró haber notado en este tiempo una inversión del ciclo sueño-vigilia, lo que afecta a una gran parte de la población. “Pero sobre todo a aquellos que no tienen que realizar un trabajo presencial que implica cumplir los horarios típicos. Se levantan más tarde, se inician las actividades más tarde y se acuestan más tarde, por lo que se empiezan a invertir las horas de sueño”, indicó.

Pero además, para el psiquiatra, se agregan otros factores. “Más de cuatro meses viviendo en estas situaciones de encierro, familias con niños pequeños tratando de entretenerlos, adultos mayores sin contacto con sus seres queridos, preocupación por enfermarse, desempleo o reducción de ingresos, entre otros”, enumeró.

Para el profesional, todo esto empieza a convertirse en situaciones de tensión, estrés, agotamiento y ansiedad que contribuyen a la dificultad a la hora de dormir. “Puede presentarse de dos formas: el insomnio de conciliación, que se da cuando la persona tiene dificultades para quedarse dormida, o el insomnio de mantenimiento, que se da cuando se tienen despertarse precoces”, diferenció Leytes.

*Este texto fue publicado originalmente por Los Andes. Se reproduce aquí con la autorización correspondiente.




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