En las últimas horas, la ciudad parece ir comprendiendo lentamente la necesidad de quedarse en casa. De todos modos, el tránsito y la circulación sigue siendo alta.


Mar del Plata se cansaba de exhibir números positivos este verano. Todos marcaban que hubo más turistas, más consumo, más pernoctaciones y el teatro tuvo butacas ocupadas en mayor proporción que las temporadas anteriores.

Y cuando las reservas hoteleras habían alcanzado el 50% para este fin de semana largo, la situación generada por el coronavirus escaló, y se pasó de tomarse recaudos a directamente desalentar la llegada de turistas.

“Mi responsabilidad como intendente de Mar del Plata es pedirle a los argentinos que nos estaban eligiendo que no vengan”, señaló el jefe comunal.

Más tarde, el gobierno comunal decidió que los colectivos anden sin pasajeros parados, y liberó el Estacionamiento Medido, que se dispone en el centro de Mar del Plata. De esa manera, se intenta bajar el uso del transporte público, aunque con un consecuente aumento de los vehículos particulares, lo que redunda en un mayor movimiento de tránsito.

En ese contexto, podemos observar una ciudad a media máquina, sin todavía entender de la necesidad del parate total, como se puede ver en la esquina de Independencia y Juan B. Justo, y una ciudad un poco más reposada en el norte, en la costanera, en donde es habitual que la gente camine y haga footing.

Las playas, en una imagen rara para mediados de marzo, vacías. Y sin embargo, la nota la terminan dando un grupo de jubilados, que en la noche de este martes, no tuvo ningún tipo de resquemor en subirse a un “barquito” de paseo, para recorrer la costa de la ciudad.




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