Fue cartonero, hizo muñecos, trabajó en compra-venta, entró al ejército con tan sólo 15 años y se recibió dentro de la fuerza. Participó de la gesta de Malvinas y estuvo en el crucero General Belgrano. Aquí su historia completa.


Cuando dos torpedos del submarino británico Conqueror alcanzaron el crucero General Belgrano de la Armada Argentina, Darío Volonté sintió que perdía todo el apoyo. El barco se quedó sin luz y había que abandonarlo. Sobrevivió a casi 30 horas de flotar a la deriva en una balsa superpoblada, empapado, con una tormenta feroz y temperaturas bajo cero. Hoy es un consagrado tenor que canta en los mejores teatros del mundo y que se repite a sí mismo que la vida es sólo el presente. “El pasado ya no existe y el futuro no llegó”, dice con firmeza.

A las cuatro de la tarde del 2 de mayo de 1982, a más de 200 millas de las islas Malvinas, en el Atlántico Sur , dos torpedos del HMS Conqueror dieron en un blanco: el ARA General Belgrano. Quince minutos después, el barco empezó a hundirse. Todo pasó en menos de una hora: de las 1093 personas que había a bordo, 770 lograron salvarse y 323 murieron.

Volonté, con 19 años, era maquinista, destinado a una caldera. Recuerda que las guardias eran tranquilas. Cuando explotaron los torpedos lo primero que pensó fue en encontrar una salida, que tenía memorizada. Les costaba salir por los heridos que encontraban en el camino. Los fueron recogiendo y así llegaron a la balsa que le correspondía.

La tormenta era una complicación, ya que “tenés que acertarle a la balsa, que se mueve. Todo es rápido, todo es al instante. No hay tiempo…”, recuerda. Había que alejarse del Belgrano por si se hundía. Cargaron mucha más gente de la que correspondía porque había balsas dañadas. “Nos tocó una para 10 o 12 personas y éramos 22, iba sobreexigida. Dicen que eso capaz nos salvó de que no se diera vuelta. 

Durante la noche, la balsa empezó a desinflarse. No encontraban el inflador ni el pico por donde inflar. Pero finalmente encontramos el inflador, el pico e inflamos”, indica. Después amainó un poco. Cerca del mediodía pasó un avión e hizo señas de luces bien claras. «Nos vieron, nos vieron, nos van a venir a buscar», gritó un compañero. Y ahí la balsa pasó a ser como un hotel de cinco estrellas”, grafica.

Acto en la Escuela Primaria N° 23 Crucero A.R.A. “General Belgrano”

El aviso-remolcador Gurruchaga los encontró a las 9 de la noche. Volonté estuvo 29 horas y media arriba de la balsa con sus compañeros. Dice que en el momento no pensó en la magnitud de lo que había sucedido, sino que se dio cuenta cuando el conflicto ya había terminado. “Empezás a vivir, a avanzar, transcurre la existencia. En mi caso, el tema Malvinas se amplificó positivamente: fue como una segunda oportunidad, un segundo nacimiento. El 2 de mayo de 1982 yo nací de vuelta. Soy de Virgo y soy de Tauro, tengo dos signos. Y tengo, increíblemente, características de ambos”, cuenta.

Partició de la gesta de Malvinas y estuvo en el hundimiento del crucero General Belgrano. Pero cuando pudo por fin comprar un flete comenzó su gran cambio: consiguió ser escuchado y desplegó su gran vocación: el canto. Hoy figura en todos los teatros líricos del mundo y su voz silencia a los auditorios.

Está acostumbrado a giras mundiales en donde participa o protagoniza grandes conciertos en teatros únicos. Tiene los pies sobre la tierra y se repite que no debe estar aferrado a su carrera. “El trabajo tiene que estar a mi servicio y no al revés. Laburar para vivir y no vivir para laburar“, sintetiza.

Darío Volonté y su esposa Vera Cirkovic, mezzosoprano

Volonté sabe que al cantar, su voz impacta. “Todos se quedan en silencio. Gratificás a la gente y te gratificás vos. Pero es nada más que eso, un laburo”, minimiza.






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