Por Ricardo Martínez*


La etapa romántica del periodismo acabó hace tiempo. Es muy raro hoy encontrar a los jóvenes periodistas llevar adelante tertulias para dialogar sobre la noticia del día, los entretelones de los diversos conflictos sociales, políticos y económicos; ni siquiera para hablar de los goles en el futbol de la fecha pasada o el porvenir de un jugador que se perfila como estrella para la hinchada o convertirse en un recurso para salvar las finanzas de un club, y mucho menos para compartir una cena luego del cierre o la edición del último noticioso en la radio o la televisión. El bolsillo no se lo permite.

Sin embargo los valores en el ejercicio del periodismo se mantienen incólumes porque la profesión y los propios destinatarios de noble trabajo lo exigen en procura de sostener el crédito personal y la defensa la libertad de expresión de las ideas en el sistema democrático.

Desde mi memoria no recuerdo haber visto ningún aviso en medio alguno ofreciendo un trabajo de periodista. Al oficio y a la vida laboral en este rubro hay que elaborarlo.

He repetido más de mil veces en mi experiencia de más de 20 años en la docencia, enseñando y aprendiendo periodismo, que los interesados deben acercarse a los trabajadores de prensa, hacerse amigos, colaborar con ellos, y al medio al que quieren acceder esperando tener un espacio para regularizar su permanencia, cuando no ser pariente del dueño, con familiares amigos de éste, o protegido de un dirigente político o persona influyente.

Hay condiciones insoslayables, como insoslayable también debe ser tener entrenada la sensibilidad para poder captar el espíritu de la época y traducirlo en una nota periodística en el espacio en el que toque desempeñarse.

La sensibilidad es una herramienta a la que apela el periodista para dejar un testimonio capaz de convertirse en un disparador como contribución a mejorar la visión de la ciudadanía sobre los hechos que registra, pero también realizar correcciones en las conductas no deseables que suelen azorar al conjunto social cuando cunde el desconcierto frente a las condiciones adversas en la vida cotidiana.

El antiguo dilema sobre la objetividad y la subjetividad del tratamiento de un hecho periodístico ha sido superado. Todo el mundo sabe que somos y seremos subjetivos, cada persona, cada trabajador, cada periodista se sumerge en la fenomenología con la subjetividad. No obstante ahora también sabemos que frente al hecho periodístico podemos alcanzar un alto grado de objetividad sobre el mismo en tanto y en cuanto obtengamos mayor cantidad de notas significativas sobre el propio hecho que nos permita obtener un alto criterio de verdad a lo referido.

La férrea decisión laboral es el centro de gravedad para el ejercicio de la profesión no exenta de críticas por parte de la sociedad cuando no se cumple con el objetivo de informar con veracidad.

La responsabilidad y el respeto forman parte de las coordenadas que sirven de marco para el ejercicio del periodismo, tanto como el saber escuchar, la alerta percepción y además una mirada a lo ancho y en profundidad.

Es necesario evaluar sobre lo que tiene interés social y sectorial para poder elaborar un juicio de valor sobre lo que se va a relatar.

Me han preguntado cuáles son las dificultades que puede afrontar un periodista. Son muchas en el trajín del aprendizaje, en la relación con el medio social, con sus propios compañeros, pero el peor enemigo es la pereza intelectual.

El trabajo de periodista no debe restarle tiempo a la lectura, por ejemplo. Es necesario que se amplíe el horizonte del conocimiento; poesía, cuentos, novelas, ensayos son los contenidos con los que se debe cargar la cabeza.

El periodista rinde examen todos los días con el diario del día siguiente, frente a la cámara o el micrófono.

En la actualidad ha cambiado la manera de iniciar la jornada. El periodista tiene un rol adicional: es también productor. Tiene que ser capaz de llevar ante la mesa de la sección el tema por desarrollar, productor de su observación y del hecho sensible.

Hoy, como siempre, hay que tener las “antenas paradas” para los cambios, no solo tecnológicos, sino también sobre las estructuras de expresión y sobremanera a lo que se denomina “periodismo ciudadano” que se ejercita a través de las redes sociales.

Hay que recuperar para el periodismo el hablar bien, escribir mejor y cultivar la tertulia con los compañeros de trabajo, oportunidad que sirve para crecer y también hacerlo con conjunto.

(*) Periodista jujeño, docente, Medalla de Oro “Macedonio Graz”. Fue jefe de Redacción del diario El Tribuno de Jujuy, jefe de la oficina Jujuy de la agencia de noticias Télam; fundador y director del Instituto Superior de Periodismo de Jujuy.






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