Opinión. El consumo privado pisó el freno y le quita un argumento al Gobierno de cara a 2023

Mantener la gobernabilidad hasta las próximas elecciones luce como un objetivo muy desafiante y con riesgos extremos.
Mantener la gobernabilidad hasta las próximas elecciones luce como un objetivo muy desafiante y con riesgos extremos. Foto: Orlando Pelichotti

Diferentes los indicadores dan cuenta de la caída a partir de una inflación corriendo al 100% y de la pérdida de poder adquisitivo de los ingresos en todos los sectores.

Por Norberto Pico

El consumo privado se sumó a los datos macroeconómicos que reflejan una sostenida desaceleración de la actividad, que dada la persistente tendencia se solapará con la campaña presidencial del año próximo y condicionará las chances electorales del oficialismo.

Las señales no sólo surgen de analistas y consultores privados, a quienes se les podría cuestionar inclinaciones políticas, sino que son parte diaria de los datos oficiales.

Las reservas del BCRA. Se usaron para financiar el gasto público y el consumo privado subsidiado.
Las reservas del BCRA. Se usaron para financiar el gasto público y el consumo privado subsidiado.

Si bien este escenario estaba descontado desde que se firmó el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y en las proyecciones que se contemplaron en el Presupuesto para 2023 (crecimiento de 4% en 2022 reduciéndose a 2% en 2023), ahora aparecen las cifras concretas que demuestran que el estancamiento ya bajó al día a día de la población.

El deterioro del poder adquisitivo de los ingresos es la inequívoca razón de esta realidad, que por otra parte quedó en evidencia en el último informe sobre salarios del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) y en los aumentos para jubilados y pensionados que quedaron por debajo de la inflación.

De acuerdo al órgano estadístico, entre septiembre de 2021 y septiembre de 2022 los salarios mostraron un incremento de 78,7%, mientras que en el mismo período la inflación fue de 83%, con lo cual la pérdida de la capacidad de compra es del orden de los 4 puntos.

“Con un piso de inflación promedio proyectada del 73,4% respecto al 2021, es difícil plantear un escenario donde los salarios ganen la carrera contra los precios. Hasta el momento, la mayor parte de las paritarias fijó un aumento promedio del 73% interanual por lo que podría esperarse una pérdida de poder adquisitivo en torno al 0,5%, consistente con un mayor deterioro hacia fin de año producto de una aceleración en el nivel de precios”, explicó en su último informe la consultora LCG.

En similar sentido se pronunció ACM: “la aceleración inflacionaria de este último periodo acota márgenes. Por ende, es esperable que los ingresos de todos los sectores continúen presentando caídas en términos reales para el 2022″.

Por otra parte, en la última semana el Gobierno anunció el ajuste de las jubilaciones para la última parte de 2022. Con el nuevo aumento de 15,6% los haberes de la clase pasiva –sin bonos- quedaron 27 puntos por debajo de la inflación.

En estos datos se encuentra la justificación base de una serie de indicadores desalentadores para la actividad económica.

Por ejemplo, en su último informe Monetario Mensual el Banco Central de la República Argentina (BCRA) señaló que durante octubre los préstamos en pesos al sector privado medidos en términos reales (descontada la inflación) cayeron 3,5% y sumaron el cuarto mes consecutivo de retroceso. El propio BCRA admitió que la disminución resultó generalizada, en todos los segmentos crediticios.

Si se comparan los últimos doce meses el crédito acumuló una caída de 8,1% en términos reales. En tanto, la relación entre los préstamos en pesos al sector privado y el PBI corriente cayó en el mes 0,3 puntos y se ubicó en 6,4%.

El último relevamiento que publicó el banco BBVA dio cuenta que el consumo con tarjetas en septiembre registró una baja interanual de 9,4%, que fue mucho más intensa que el 2,9% que se había verificado el mes anterior.

Pero no sólo hubo contracciones en cuanto al monto de las transacciones sino que también la cantidad de operaciones se redujo 0,7%.

En lo que resulta una señal de las opciones que toman los consumidores a la hora de ajustar sus cuentas, el trabajo reveló que respecto de agosto hubo una mayor caída de los gastos en bienes que en los servicios (-8% y 2,5%, respectivamente).

En similar sentido, el informe exhibió una reducción en el gasto por operación en supermercados de 17,6% para septiembre, hilvanando así 19 meses consecutivos con resultados en rojo.

Al respecto, el último dato oficial del INDEC sobre la venta en supermercados refiere a agosto, mes en el que el volumen despachado se redujo 0,2% con relación a igual mes del año pasado. Si bien la facturación observa un alza de 80%, este incremento se explica totalmente por la inflación.

La retracción fue mucho más aguda en los autoservicios mayoristas, donde el trabajo oficial detectó un retroceso de 2,1% en la cantidad de unidades vendidas.

Con evidencias certeras de un escenario adverso para apuntalar el consumo, el Gobierno jugó fuerte para implementar el plan AHORA 30, que ofrece la compra de productos de línea blanca y celulares en 30 cuotas con una tasa de interés de 30%.

Pero la intención chocó con la obviedad de la economía “argenta”: los bancos le niegan a los usuarios de tarjetas de crédito elevar los montos máximos de financiación, temerosos de que el exceso de endeudamiento los lleve a incumplir con las cuotas.

La otra herramienta que lanzó Economía para frenar el deterioro del consumo fue “Precios Justos”, que busca darle estabilidad a un conjunto de 1700 productos y a partir de ahí ofrecerle a las familias un horizonte de previsibilidad a las cuentas domésticas.

A los flojos datos de consumo se le sumó un panorama adverso en la industria y la construcción, dos motores esenciales de la economía.

La actividad industrial que midió el INDEC para septiembre exhibió una baja de 0,2% intermensual. La mejora interanual fue de 4,2%, pero que luce insuficiente ya que en septiembre del año pasado aún quedaban resabios de los recortes que había dejado la pandemia. Si se compara con el nivel de diciembre, el avance fue de apenas 2,1%.

Un panorama similar se observó en la construcción que retrocedió 2,9% contra agosto y avanzó 5,2% contra igual período del año pasado.

Los analistas privados entienden que los niveles de septiembre operarán como techo con una dinámica de estancamiento a partir de las restricciones especialmente en la importación.

Con este horizonte, mantener la gobernabilidad hasta las próximas elecciones luce como un objetivo muy desafiante y con riesgos extremos.

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