DEBATES

Tras el velo: derechos de las mujeres en Arabia Saudita

por María Constanza Costa

En un contexto de manifestaciones globales a favor de los derechos de las mujeres, el levantamiento de la restricción para poder conducir que pesaba sobre las mujeres de Arabia Saudita se llevó todas las miradas. ¿Qué otros derechos planean conseguir y qué restricciones aún padecen? ¿Cuál es el rol del nuevo rey millennial y cómo recae sobre ellas la mirada occidental?

La defensa por los derechos de las mujeres crece a lo ancho de todo el planeta. Los países árabes no son la excepción. Pero detrás de cada conquista se plantea el debate acerca de si este reconocimiento es sólo “cosmético” o representa un verdadero avance hacia una real igualdad de género.

Casi tres décadas pasaron desde que en el año 1990 un grupo de mujeres saudíes desafió a la autoridad monárquica, al ponerse al volante y realizar una caravana por la ciudad de Riad (el principal centro de negocios de Arabia Saudí). Por este acto de rebeldía las pioneras de este movimiento por la reivindicación de los derechos de la mujer fueron detenidas y encarceladas.

En un contexto de manifestaciones globales a favor de los derechos de las mujeres, el levantamiento de la anacrónica restricción para poder conducir que pesaba sobre las mujeres de Arabia Saudita ha sido recibido con entusiasmo por grupos feministas alrededor del planeta. Es que, hasta hace una semana, la monarquía del golfo liderada por la familia Al Saud era el único país en el mundo que mantenía está restricción. Aunque ninguna ley escrita prohíbe expresamente que las mujeres conduzcan, si estaba entre varias fetuas (normas religiosas) que los más influyentes clérigos del régimen impuesieron a las saudíes.

En 2011, una nueva generación de mujeres, inspiradas por los cambios que se estaban produciendo a raíz de las denominadas “primaveras árabes”, organizaron por la red social Facebook la campaña, “Women2drive” para que las mujeres salieran a manejar el día 17 de junio de ese año. Como parte de la difusión de la convocatoria al encuentro, algunas activistas fueron filmadas manejando por las calles de la capital.

Manal al Sharif, una joven que entonces tenía 32 años, fue detenida en Al Jobar, una ciudad en la región oriental. Este episodio envió un disuasivo mensaje, pero a pesar de ello, cientos de mujeres se animaron y condujeron el día convocado. Ninguna fue arrestada. La velocidad de las redes comenzó a viralizar los videos donde las jóvenes eran alentadas por muchos de los conductores de autos que compartían las calles con ellas. Esta acción fue interpretada como una muestra de que la sociedad saudí estaba preparada para dar ese paso. Y la imagen de Manal al Sharif, que pasó nueve días en prisión, se transformó en icono de la lucha de las mujeres saudíes por sus derechos.

En 1990 en Riad (capital y principal centro de negocios de Arabia Saudí) las mujeres comenzaron a luchar por sus derechos.

Ese mismo año un reconocido académico conservador Kamal Subhi, presentó un informe a la asamblea legislativa del país, la Shura. El objetivo era presionar sobre la monarquía para que rechace la posibilidad de levantar el veto para conducir que pesaba sobre las mujeres. El aumento de la prostitución, la pornografía, la homosexualidad y el divorcio serían, según el informe, algunos de las consecuencias que tendría la libertad de las mujeres para manejar, ya que esto conllevaría un mayor contacto con varones, por ejemplo,  mecánicos, policías etc.

En un país donde funciona una rigurosa segregación de sexos, las oficinas públicas tienen entradas y salas de espera diferentes para hombres y mujeres como así también los hospitales. Y en restaurantes y bares las mujeres sólo pueden estar en las áreas reservadas para las “familias” siempre acompañadas de hombres con las que estén relacionadas. Resulta, al menos curiosa, la paradoja de exponer a las mujeres con hombres en espacios pequeños como un automóvil.

Para las activistas saudíes, la medida es importante ya que la inexistencia de un sistema de transporte público hace que el desplazamiento por las ciudades sea imposible si no cuentan con un chofer o con un hombre de la familia que esté dispuesto a cumplir ese rol. Pero el verdadero cambio que buscan es la abolición del sistema de tutela masculino (mahram), que las condena a ser eternas “menores de edad” y depender de la voluntad de los varones: maridos, hermanos, tíos e incluso hijos, desde que nacen hasta el día de su muerte.

Desde occidente

Además de luchar contra las restricciones dentro de su propio país, las mujeres saudíes también cuestionan la estigmatización que el mundo occidental ha realizado sobre ellas, reforzando un estereotipo de dominadas y sumisas. En sentido contrario, buscan ser identificadas cada vez menos con la opresión y cada vez como protagonistas del cambio. Siguiendo esta idea, la politóloga Amina Jarmakari, docente de la Universidad de San Diego, EE.UU, asegura que: “muchas veces las representaciones que en occidente se hacen de las mujeres árabes tienen que ver  con las aspiraciones civilizatorias del observador occidental más que con la realidad de esas mujeres”.

El nuevo rey saudí quiere que las mujeres jóvenes sean parte del sistema productivo del país y para ello debe concederles derechos que solo su sociedad les restringe.

Es innegable que detrás de las largas “abayas” -túnicas que el rígido código de vestimenta del régimen wahabista dispone que se debe utilizar- fueron creciendo el descontento y la oposición a los dogmas religiosos. Pero no es menos cierto que muchos de los cambios realizados en el reino saudí en relación con la condición de las mujeres, son producto de una puja entre el ala fundamentalista y los liberales del régimen. Disputas que se intensificaron desde que el rey Salmán bin Abdulaziz nombró heredero al príncipe Mohamed Bin Salman. El príncipe millennial como lo ha apodado parte de la opinión pública, tiene 32 años, y es presentado como la promesa modernizadora. Influenciado por la cultura occidental, Bin Salman confía en el desarrollo tecnológico como eje principal en la transformación de su país, pero su estilo Sylicon Valley choca con los sectores fundamentalistas.

Este cambio generacional responde, en parte, a que la población de Arabia Saudita es mayoritariamente joven, de los 22.7 millones de nacionales, el 60% tiene menos de 30 años. El líder saudí aspira a liberar a su país de la “adicción” al petróleo y desarrollar una matriz económica diversificada, con un sector privado más dinámico que sea el principal generador de empleo. Para ello es necesario que sus compatriotas mujeres sean integradas a la economía como trabajadoras y consumidoras.

Las mujeres comenzaron a soñar con tener un mayor protagonismo en el espacio público, en 2011, cuando les fue otorgado el derecho a ser elegidas y a poder votar en las elecciones municipales (las únicas que se celebran dentro del régimen saudí). Además, dos años más tarde el rey incluyó 30 mujeres en la Shura (consejo designado directamente por el rey para estudiar las políticas gubernamentales y hacer propuestas de enmiendas al Consejo de Ministros).

En las elecciones celebradas en 2015, 130 mil mujeres se registraron para votar frente a 1.35 millones de hombres y 979 se postularon como candidatas en 28 localidades. El resultado no fue para nada despreciable, al menos 17 mujeres lograron convertirse en concejalas.

Todas las reformas se enmarcan en el objetivo de aumentar el acceso al mercado laboral de las mujeres, que es una de las metas del programa 2030 presentado por el heredero saudí. Con esta medida se busca reducir la dependencia de trabajadores extranjeros. La tasa de empleo femenino actual ronda el 20% y el objetivo es que alcance el 30% en 2030. Como parte de esta estrategia, en febrero de este año el Ministerio de Interior anunció que las mujeres de nacionalidad saudí que tengan entre 25 y 35 años, podrían ser parte de las fuerzas armadas con el rango de soldado.

La apertura no sólo de ha dado en las áreas estrictamente laborales y políticas. En enero pasado las saudíes consiguieron, por primera vez, alentar a sus equipos de fútbol desde las tribunas. El gobierno autorizó a las mujeres a asistir a los partidos y designó espacios reservados sólo para ellas. Esto representa una ventaja frente a sus vecinas iraníes que a pesar de gozar de algunos derechos desde hace más tiempo aún no han conseguido el permiso para poder asistir a los campos de juego cuando se enfrentan equipos masculinos.

Además, en el último tiempo, se han inaugurado salas de cine y se autorizaron los conciertos de música. Estas dos últimas actividades estaban prohibidas desde los años 80. “¿Es más difícil luchar contra gobiernos opresivos o contra sociedades opresivas?” se preguntaba Manal al Sharif en una charla TED que brindó en junio de 2013. La experiencia saudí parece demostrar que los cambios a largo plazo necesitan de ambos movimientos.