El jugador de Barrio Parque pudo conocer a su padre tras 29 años. Este era el momento, confesó. De hijo único a un familión.


Por Marcelo Chaijale

“¡Hola hijo! Acá estamos juntos. Nunca pensé que llegaría este momento. ¡Te amo!”, le dijo su padre a Nicolás Lauría en medio de un fuerte abrazo que se hizo esperar 29 años.

Atrás quedaba una búsqueda que parecía que nunca terminaba. Lauria al fin pudo conocer a su papá, Zachary David Cooper, quien brilló en Peñarol de Mar del Plata a finales de los años ‘80, en los inicios de la Liga Nacional.

Unas pocas fotos y las charlas con su mamá Cristina era lo único que Nico sabía de su papá. Con el tiempo supo que Cooper era un atlético pivote que pasó por Peñarol, en el ascenso y jugó una Liga.

En 2011, cuando ya tenía 23 años, lo encontró por Internet, y charlaron varias veces por Skype. Pero duró poco. Fue volver a cero.

Por insistencia de su mamá y su novia, Rocío, el jugador de Barrio Parque retomó la búsqueda. Facebook fue clave.

Además de su papá, Nico encontró a una prima que lo comunicó con su abuela. Faltaba poco para arrancar la pretemporada, recién arreglaba con Parque, pero igual se mandó.

“Sin pensarlo mucho, me decidí a viajar a Estados Unidos. Sentía que esta vez era el momento”. El relato de Nico emociona. Pone piel de gallina al más duro.

Pese a una demora en salir el vuelo de Miami a New Orleans, Zac esperaba a su hijo. “A lo lejos lo vi y me di cuenta que era él. Además tenía una remera roja, imposible no ver a un tipo de 2,10”, se ríe Nico cuando recuerda “el” momento de su vida.

“Él también me reconoció al toque”, agrega a Día a Día. En el auto esperaba su abuela Janette, clave para el encuentro.

Así empezó la historia: Nicolás Lauría y una búsqueda que nunca termina

“Parecía que nos conocíamos de toda la vida… No hizo falta nada para romper el hielo”, resalta Lauría. Los más de 60 kilómetros del aeropuerto a la pequeña ciudad de Slidell fue a puro consejo de padre a hijo.

“Me dijo que hay que estar preparado para después del básquet. Él no estaba preparado y le costó mucho, más cuando dejó de jugar a los 25 años por una lesión mientras estaba en San Nicolás”, cuenta.

“Yo no buscaba ninguna explicación, ni nada”, agrega.

“Fue el primer consejo que me dio mi padre. Era la primera vez que tenía un papá y que me aconsejaba”, cuenta Nico. Parece emocionarse pero se mantiene firme en su relato.

“No lloré nunca, todavía”, aclara.

“Estando allá, charlando con mis tíos, tías y familiares me di cuenta que a papá le costó regresar tan joven a Estados Unidos sin una idea de vida. Había sido uno de los mejores de su camada. Volvió y tomó malos caminos”, analiza el ala-pivote que fue campeón del último TNA con Comunicaciones de Corrientes.

Al llegar a la casa de la abuela Janette encontró a una gran familia. “Fue único. Una experiencia increíble. Me recibieron con los brazos abiertos… Me abrieron la casa”, confiesa.

“Hablé mucho con mi abuela, me hizo sentir como en mi casa. Todos, tías, tíos, primos, sobrinos… Querían que me quedará más tiempos”, reconoce.

Papá Zac volvía de trabajar y retomaba las charlas con su “hijito” de 29 años. Salieron un par de veces a cenar para ponerse al día. Hablaron de básquet, de la vida y de Alina, la hija de tras añitos de Nico que el abuelo quiere conocer.

“Pasé de hijo único a tener dos hermanos. De tener una familia chiquita en Mar del Plata, con mamá, tíos y primos, mi hija y mi novia, pasé a tener un ‘familión’ en Estados Unidos… De película”, resalta. Esta vez, con final feliz.

“Papá me puso en Facebook ‘¿cuándo venís’? Eso fue el disparador, lo qué me dio envión para viajar. Sentí que era el momento. El año que viene voy de nuevo y llevó a mi hija”.

“SOMOS IGUALES, CON LOS MISMOS GESTOS”

Nicolás Lauría pasó seis días en Estados Unidos, y resultaron pocos. Las dudas del inicio le dieron paso a la alegría no solo de conocer a su padre, Zachary Cooper, también de encontrar una familia.

“Ellos, casi todos, sabían que yo existía, sabían que papá había tenido un hijo en Argentina. Mis primas me buscaban pero no sabían mi apellido”, destaca el Negro de su viaje de película.

Papá Zac y la abuela Janette quieren venir a la Argentina. Cooper guarda grandes recuerdos de su estadía en el país, a finales de los ‘80 cuando recién arrancaba la Liga Nacional.

Pero Nico la tiene clara y ya está proyectando su próximo viaje, el año que viene. Llevará a su pequeña hija Alina, de tres años.

La nueva familia ya conoce a la pequeña, por fotos, y la quieren tener en vivo. Lo mismo que el abu Zac, quien le reconoció estar orgulloso. Fue pocos días atrás, cuando se reencontraron padre e hijo por Facebook. Ese comentario fue el impuso para que Lauría viaje a Estados Unidos.

En una de las salidas en solitarios de padre e hijo, Zac se animó a hablar en español.

También llevó a Nico a la iglesia, el lugar donde “lo ayudaron a encontrar su camino”, cuenta el jugador de Barrio Parque. “Me presentaron ante todos, papá contó la historia por primera vez y rezamos una oración”, fue muy emocionante.

También fueron a una tienda, “papá quería comprarme un perfume. Lo veía moverse, actuar y somos iguales, tenemos los mismos gestos”, agrega Nicolás y destaca la felicidad de su mamá Cristina mientras le relató todo lo vivido en Estados Unidos. “Para ella fue un sueño hecho realidad”, cuenta.

SORPRESA Y MEDIA

Un domingo de su viaje, toda la familia se reunió en la casa de la abuela Janette, que pasa los 70 años.

“Ella recibe a todos, une a toda la familia. Fue como estar en una película típica estadoundiense, comiendo barbacoa…”, grafica. “Hasta nos pusimos a bailar”, agrega.

Mientras todo era alegría, una joven entró al patio. Era la hermana de Nico, Ashley. Se llevan unos pocos meses. Nicolás nació el 9 de febrero de 1988. Ashley, el 8 de junio del mismo año.

Los presentaron, pero la mujer no lo tomó bien. Zac le había contado de su hijo de Argentina, pero Ashley no lo recordaba. Y abandonó la fiesta familiar.

Mientras Lauría emprendía el regreso a la Argentina, al otro día, la chica se comunicó por Facebook y le pidió perdón. “Te amo hermano, somos casi gemelos”, escribió Ashley, que también juega al básquet y como Nico, usa el número 13. Creer o reventar.

La genética también une a la familia. Todos, absolutamente todos, sufren lesiones en las rodillas. Como Nico, como Zac. Todos.

A Lauría le faltó conocer en su viaje a su hermano mayor, Alex. “Está preso por un tema menor”, dice, sin profundizar.


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