El Topito recibió en febrero una wild card para jugar el ATP 250 Córdoba Open. Ganó el torneo en su casa y se metió en Roland Garros y Wimbledon.


En 2017, el argentino Juan Ignacio Londero se había cansado del tenis. Los resultados no llegaban, la progresión se había estancado y este oriundo de Jesús María, una localidad de poco más de 30 mil habitantes en la provincia de Córdoba, no se veía dentro de las canchas.

Dos años más tarde, a los 25, acaba de asombrar a Roland Garros, donde cerró con una brillante victoria sobre el georgiano Nikoloz Basilashvili, 15° favorito, por 6-4, 6-1 y 6-3 en menos de hora y media de juego, su primer partido en un Grand Slam.

En el momento más bajo, Londero -que pide que se pronuncie Lóndero, aunque no escribe su apellido con tilde- quiso darse una última oportunidad. Un cara o cruz, un todo o nada.

Acabó bien aquella temporada, encadenó algunas victorias y se dijo que no valía la pena tirar por la borda tantos años de entrenamiento, tanto sacrificio, sin dejar de intentarlo.

En 2018 salió a tope. Su vida se puso a girar en torno al tenis. A los entrenamientos, el cuidado físico y el final de las juergas. Solo contaba la cancha, una higiene de vida que se tradujo en su juego y en su resultado, con dos triunfos en torneos “challenger”, México y Marburg.

De repente, el tenista habituado a transitar por los puestos 300 se vio llamando a las puertas del “top 100”. Y en su cabeza el tenis, sus sacrificios y sinsabores, volvieron a merecer la pena.

En febrero, de forma inesperada, recibió una invitación del torneo de Córdoba. “Creo que no estaba preparado mentalmente para ganarlo, pero sí físicamente”, recuerda ahora.

Los puntos que logró al alzar esa copa, la más importante de su carrera, le valieron para entrar en el cuadro final de Roland Garros y de Wimbledon. A partir de ahí, su mente se focalizó sobre la arcilla parisiense y solo jugó en esa superficie.

La victoria ante Baasilashvili, más allá de que el georgiano no hiciera su mejor partido, es la más importante de su carrera junto a la final de Córdoba, reconoce el tenista.

“Es una sensación única, parecida a cuando gané en Córdoba. Es una felicidad que no la encuentras en otro ámbito de la vida, al menos a mi no me ha pasado”, asegura.

El triunfo en su tierra le cambió la vida, le dio impulso y fe para creer en sus opciones. Y puntos para llegar a París. “Ahí empezó mi carrera”, afirma el jugador que, hasta entonces, no había ganado un partido ATP y se conformaba con torneos de categoría menor.

Ahora todo a cambiado y su victoria en París puede afianzar esa carrera. Londero tiene la cabeza puesta en el tenis, en saltar a la pista en las mejores condiciones.

En su maleta nunca falta una licuadora y una báscula, porque se confiesa obsesionado por el peso. Pero no por su exceso. “El nutricionista me dice que tengo que pesar 73 y ahora ando por los 70”, señala el jugador, que se toma un batido de leche tras la cena, antes de acostarse, para incluir 1.300 calorías a su organismo.

El argentino vivirá otra experiencia nueva: afrontar a un francés sobre su tierra. Su rival será Richard Gasquet, que derrotó al alemán Misha Zverev por 6-3, 6-4 y 6-3.

No mira el cuadro el jugador de Jesús María. No lo hace nunca. Tampoco sigue los resultados. “No soy un fanático del tenis”, afirma.

En el horizonte se perfila un posible duelo contra Rafa Nadal, si prosigue el sueño comenzado hoy. Pero a él lo que le gustaría es medirse al suizo Roger Federer, su ídolo, el tenista al que más admira. En París está permitido soñar. 

(*) Por Luis Miguel Pascual




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