Inicialmente la relación se encontraba vinculada con los costos de producción, ya que el petróleo es utilizado de forma directa en la maquinaria y transporte e indirectamente en los insumos agrícolas, como fertilizantes, por ser derivados del petróleo. Este vínculo debería ser registrado como una correlación baja, pero positiva.

Si el precio del petróleo sube, aumentan los costos de producción, una menor cantidad de productores sembraría, caería la oferta y, por consiguiente, subiría el precio de los granos.

A partir del año 2000, gracias a los avances tecnológicos, el apoyo normativo y el rápido aumento de los precios del petróleo, los biocombustibles se volvieron sustitutos más atractivos para los combustibles fósiles.

Desde la adopción de mandatos de corte obligatorio a mediados de esa década, Brasil y EE.UU. lideran el crecimiento de la producción de etanol, mientras que la Unión Europea ha sido la principal fuente para biodiesel. EE.UU., principal productor de maíz del mundo, llega destinar el 40% de su producción a esta industria.

Como se puede observar en el cuadro Nº1, los coeficientes de correlación son positivos para todos los granos. Sin embargo, se verifican ciertas particularidades. Los coeficientes para maíz y soja se intensifican desde 2007, a la par del crecimiento de la producción de biocombustibles. Mientras que en trigo los coeficientes permanecen bajos y positivos, sin grandes diferencias entre ambos periodos. Pues, el trigo tiene una baja demanda para la elaboración de biocombustibles, quedando prácticamente vinculado con el petróleo por su utilización en el proceso productivo.

El proceso de financiarización (es un término que describe un sistema o proceso económico que intenta reducir todo el valor intercambiado, tanto tangible como intangible, tanto promesas futuras como presentes, etc., a un instrumento financiero o a un instrumento financiero derivado) de los commodities agrícolas también ha estado detrás de la estrechez de esta relación.

Granos y PetróleoVíaCampo

Estos resultados cobran especial relevancia a la hora de evaluar lo acontecido con los precios en el 2020 y 2021. A principios del 2020, la caída de la actividad redujo la demanda de combustibles y el precio del petróleo llegaba a los mínimos históricos, con futuros cotizando en valores negativos.

Como consecuencia, los stocks de barriles de etanol en EE.UU. comenzaron a acumularse hasta alcanzar los máximos de los últimos 5 años. Afectados por la menor demanda para biocombustibles, los precios de la soja y maíz acompañaron esta tendencia. Por su parte, el trigo, por ser un producto fundamentalmente de consumo y esencial en las dietas, resistió esta caída.

Este año la situación es distinta. Desde mediados del año pasado, el precio del petróleo entró en un proceso de recuperación que acompañó al retorno de la actividad mundial. Los stocks de barriles de etanol en EE.UU. comenzaron a descender hasta los mínimos para esta época del año, con una producción creciente.

Los precios de la soja y maíz replicaron la suba del precio del petróleo y continuaron con la tendencia alcista, impulsados también por otros factores (incremento de la demanda de China, complicaciones climáticas en Sudamérica, stocks bajos y un dólar más débil) hasta alcanzar niveles históricamente altos. Aunque acompaña esta suba, especialmente por encontrar una demanda forrajera que busca sustitutos para el maíz, el precio del trigo ha crecido en menor medida.