La primavera en Tucumán y el NOA es muy seca y tiene altas temperaturas. Esto pone a las plantas de cítricos bajo un fuerte estrés hídrico y térmico en un momento en que tienen uno de sus mayores requerimientos de agua debido a la floración y cuajado de frutos. La demanda de evapotranspiración de los cultivos durante ese tiempo alcanza valores alarmantes, por lo que el riego localizado constituye una práctica cultural con efectos notables en la determinación del volumen de fruto; tanto en calidad como en cantidad.

Teniendo en claro que no hay suficiente suministro de agua para el cultivo en el NOA, no podemos predecir el resultado de la floración. Las plantas por ende producirán menos frutos y tendrán un impacto negativo en la próxima cosecha.

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Un estudio realizado por técnicos de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (Eeaoc) determinó que, a partir de la distribución de las precipitaciones en Tucumán y los valores de evapotranspiración mensual, existe un período con marcado déficit hídrico, que coincide con el momento crítico de floración y cuajado.

Las plantaciones que producen fruta para exportación no deben sufrir estrés de ningún tipo o duración, ya que esto reduciría la cantidad y calidad final de la cosecha.

Hecho en base un análisis de un estudio realizado basado en una serie de datos climáticos se determinó que de un total de 96 meses, los productores de Tucumán debieron haber regado sus cultivos durante 57 meses. Esto significa que el riego hubiera sido clave para asegurar la cosecha en algunos años, y no solo un complemento para aumentar la producción. Hoy Tucumán es uno de los principales lugares de la producción de limón del mundo por lo cual no se puede depender de las lluvias y se debe incluir el riego estratégico.