El hecho es curioso, no obstante, los bodegueros franceses (imitando a empresarios del café y el cacao) han empezado a tomar medidas para enfrentar las adversidades climáticas.

El Comité du Champagne, advierte que en los últimos años: “La temperatura ha subido dos grados por encima de la media de la región, lo que ha permitido tener una uva muy madura, y además ha llovido poco, lo cual ha propiciado que la uva haya llegado a las bodegas muy sana. Al mismo tiempo, esto ha provocado que las vides hayan terminado hidricamente muy estresadas, lo cual es bueno para la calidad de la uva, pero es una situación que sí mantiene durante muchos años, puede acabar provocando que las uvas pierdan el frescor y la acidez características del Champagne”.

Un dato interesante y curioso se dio en el año 2018, cuando se cosecharon las uvas en agosto (nuestro febrero), algo que sucedió solo en cinco ocasiones en los últimos quince años. Debemos remontarnos a 1822 para encontrar una vendimia tan temprana.

Los célebres viñedos de Champagne, donde se produce el espumante. (123RF)

Es, sin duda, el cambio climático un tema que obsesiona a las famosas maisons del vino espumoso más sofisticado del planeta (recordamos que Champagne no es lo mismo que Espumante). En Champagne, la región más fría y septentrional de Francia, no quieren ceder, bajo ningún concepto, la calidad de sus burbujas. Por eso, el Comité du Champagne impulsa programas específicos de investigación para mermar los problemas acarreados.

Otro dato interesante refiere a los costos: el Comité dedica un tercio de presupuesto anual (6 millones de euros) y la mitad de su personal a investigar qué hay que cambiar para preservar el estilo de los vinos espumosos más afamados del mundo, a partir del calentamiento global. Si los productores deben modificar algunas cosas en pos de continuar con un nivel de calidad altísimo, lo harán.

¿Habrá un nuevo Champagne?

Otras novedades son que en la región francesa del clásico Champagne, están investigando nuevas variedades de uva híbridas (algo inédito) más resistentes a los efectos del calor, las sequías y las enfermedades. Sin embargo, estas cepas deben madurar lentamente para que mantengan intacta la acidez determinante del Champagne.

Uva Foto: Ignacio Blanco/Los Andes

Según afirman los expertos del Comité, el Champagne será diferente en dos décadas, en comparación como lo conocemos ahora. Ello nos invita a reflexionar y tomar conciencia de lo que pueda suceder en 15 o 20 años, cambios que serán una realidad desconocida.

La gran pregunta que surge, entonces, es: ¿Se viene el fin del Champagne tal como lo conocemos hoy? No lo sabemos. En principio, concluimos que el cambio climático amenaza con alterar su sabor, textura y notable longevidad.