Ricky Philips es historiador militar. Ha estudiado en profundidad la guerra de las Malvinas; y este 2 de abril, lanzó a nivel mundial su segunda obra: “Últimas cartas desde Stanley (Puerto Argentino)”. Un trabajo desde el que aborda con notable sensibilidad y respeto la cuestión humana del conflicto, que en 1982 enfrentó a Argentina con el Reino Unido por la soberanía del archipiélago del Atlántico Sur.

Su inspiración fueron unas cartas que un isleño le entregó después de casi cuatro décadas de finalizada la contienda bélica. Cartas escritas por soldados argentinos a sus familias; y otras que la gente les escribía a ellos, con el destinatario genérico de “Queridos soldados”, permanecieron en algún lugar de las islas; hasta que llegaron a sus manos. Hoy, las cartas están en poder de la Embajada Británica en Buenos Aires, con la misión de hacerlas llegar a las familias de estos hombres que lucharon incondicionalmente por sus convicciones. A continuación, el diálogo que Vía País sostuvo con Philips.

"Últimas cartas desde Stanley (Puerto Argentino)", lanzado este 2 de abril a nivel mundial.Ricky Philips | Ricky Philips

-Ricky, como británico, ¿qué te llevó a escribir esta historia, protagonizada por soldados argentinos?

El lado argentino de la guerra no se ha cubierto acá, en el Reino Unido, por más de tres décadas; y es por eso que no conocíamos mucho al respecto. Un día, recibí unas cartas, que estaban abiertas y bastante bien conservadas. Había toda una historia humana en ellas. No planeé escribir el libro; sin embargo, cuando vi lo que tenía, se me vinieron todas las preguntas que tiene la mayoría de la gente acá. Y supongo que el libro nació por sí mismo.

-¿Cómo llevaste a cabo tu trabajo?

Afortunadamente, el español es el segundo idioma de Edimburgo (la capital de Escocia) y tenemos muchos argentinos y sudamericanos acá, que hicieron las traducciones exactas de las cartas. Puedo leer en español, pero no siempre a este nivel y, por supuesto, no conozco los términos de la jerga local. En conjunto, las cartas contaban toda la guerra desde el lado argentino en orden cronológico; y decidí contar la historia del regimiento de estos soldados y lo que cada hombre estaba describiendo. Y completar la historia que lo rodeaba y su carta para ponerlos en contexto. Escribiendo durante el invierno escocés, decidí abrir las ventanas y comer muy poco, para poder ponerme realmente en la mente del soldado argentino medio, con frío y carencias de buena alimentación, como escribí. Quería vivir esa experiencia lo más cerca posible.

-¿Qué nos podés contar sobre los protagonistas, sus sentimientos y lo que vivieron durante la guerra?

De lo primero que te das cuenta cuando leés las palabras de estos hombres es que son muy valientes. Ninguno de ellos está realmente asustado. Son un grupo de sobrevivientes que están dispuestos a ponerse de pie y cumplir con su deber. Desearía que su país los hubiera honrado como se merecían en vez de convertirlos en marginados durante tantos años. Ciertamente, se lo merecían: no son en absoluto “los chicos de la guerra” como fueron llamados. Lo siguiente es que su mayor padecimiento es la falta de comida, cigarrillos y chocolate. Y sentís algo por estos hombres que tienen frío y hambre, debido a la mala gestión -más allá de que en cualquier guerra haya penurias y calamidades-. Y a quienes se les dice que están ganando la guerra y parecen creerlo, incluso hasta el último día. Algunos han podido ver este mensaje a través de la propaganda, pero la mayoría parece asumir que es verdad. Creo que la peor parte es cómo luchan por sus vidas y su patria; y aparentemente son olvidados cuando la Copa del Mundo de Fútbol, España ’82, se transmite por radio y TV. El argentino ciertamente tiene una deuda con ellos.

Algunas de las cartas que inspiraron al autor británico para escribir esta historia de valentía y honor de los combatientes argentinos.Ricky Philips | Ricky Philips

-¿Cuál es tu anhelo respecto del destino de las cartas que han inspirado tu historia?

Estas cartas me las trajo un isleño de las Malvinas de quinta generación (descendiente de británicos); y era su deseo verlas reunidas con sus antiguos dueños o destinatarios previstos, lo cual creo que es un gesto humano maravilloso. Mi anhelo personal es que las cartas y los hombres que aparecen en ellas sean tratados con dignidad y respeto por todos. Este es un tema personal delicado, que contiene pensamientos, esperanzas y sueños privados. Y no quisiera que estos hombres fueran empujados a un escenario en el que pudieran sentirse incómodos o bombardeados con mensajes y solicitudes. El objetivo final y el mensaje final es que la humanidad está en todos nosotros. Es una causa maravillosa y noble que, por supuesto, podría convertirse en otra cosa y que, si no se trata con delicadeza, podría ser perjudicial para las personas y sus familias. He escrito una introducción considerable en el libro, que trata sobre la dignidad, el respeto y la moral, y solo puedo esperar que otros traten este tema como algo digno y no como un circo. Ese es mi último anhelo.

-¿Cuál es el mensaje que debe dar el libro a los lectores? Al menos, ¿cuál es el que te gustaría dar como autor?

El mensaje de este libro es la humanidad, ante todo. Estos soldados pueden ser el hijo o el hermano de cualquiera, en cualquier bando de cualquier guerra, y la sensación es que no somos tan diferentes. Todos esperamos lo mismo, soñamos lo mismo y tememos lo mismo; y debajo del uniforme, solo hay una persona normal, con sus sentimientos. Los británicos, como se sabe, eran soldados profesionales y quería que el lector en el Reino Unido se sintiera como un soldado argentino frente a un oponente fuerte y profesional. En algún lugar de mi mente, quería que el lector británico se sorprendiera a sí mismo, vitoreando del otro lado, descubriendo que podría ser él mismo o cualquiera en cualquier guerra. Es que los uniformes y las banderas no significan nada. Solo personas. Supongo que ese es el mensaje del libro, que todos somos personas y que hay humanidad en todos nosotros, lo cual es tan maravilloso como frágil.

- A propósito, siempre se ha hablado del profesionalismo británico, el equipamiento militar y la logística, que fueron determinantes para ganar la guerra. ¿Cuál es tu conclusión después de haber estudiado el lado argentino?

Si alguien piensa que el ejército del Reino Unido fue una máquina bien engrasada al entrar en esa guerra, está equivocado. Solo tenían que hacer que las cosas funcionaran y tenían un gran equipo de oficiales superiores que trabajaron juntos para que eso sucediera. Siendo realistas, eso no pasó en el lado argentino de la guerra: todo fue improvisado y no hubo mando ni control. En muchos aspectos, las fuerzas argentinas tenían armas iguales y a veces mejores que las nuestras, pero sin entrenamiento con ellas y libros de instrucciones en ruso o árabe que no iban a ayudar. No había una estrategia conjunta o un plan para ganar, al menos sobre el terreno, ni un plan de defensa integrado, lo que significaba que las batallas individuales se libraban y perdían sin apoyo y, a menudo, sin reservas. No había unidad de mando ni nadie; Menéndez, Jofre o cualquiera, al mando general en la línea del frente. Eso es completamente diferente a cómo lucharon los británicos. El lado de la logística, especialmente con la comida, tuvo grandes falencias. La logística, como decía Benjamín Rattenbach (nombre del general que encabezó la comisión que investigó las responsabilidades de las Fuerzas Armadas argentinas tras el conflicto), no se puede improvisar. Sin embargo, creo que lo que siempre me impresionó más es esa forma “atada con alambre” a través de la cual el argentino promedio parece capaz de improvisar una solución a la mayoría de las cosas. Y los soldados encontraron formas de hacer que todo funcione. Es una pena que los generales no lo hicieran.

-El reclamo argentino por la soberanía de las islas continúa intacto. ¿Qué podés decir al respecto? ¿Qué pensás?

Creo que la política y la historia nunca se llevan bien. La historia se puede estudiar porque está en el pasado. La política intenta utilizar ese pasado como un llamado a la acción o para distraer a la gente en la actualidad. Cuando se trata de política, deja de ser historia y se convierte en opinión, lo cual es inútil. En última instancia, existe una situación en la que no todos pueden ser felices y eso provoca frustración y enojo y, según mi experiencia, demasiado odio. Nadie va a estar nunca de acuerdo en este tema: tenemos dos historias completamente diferentes y ni siquiera podemos ponernos de acuerdo sobre el nombre del lugar (Malvinas/Falklands). Creo que la única solución es la que se adapta a los deseos de los habitantes de las islas, porque tienen que vivir allí. Nadie en Londres, Buenos Aires, Edimburgo o Córdoba realmente tiene derecho a decirle a esa gente cómo debe vivir, porque son ellos quienes viven ahí. Están ahí, en su casa, su hogar; no en el mío ni en el tuyo, ni de nadie más. Creo que eso es sensato. Realmente, creo que las personas son la respuesta, y esta es otra razón, quizás, por la que deberíamos mirar a la humanidad y las cosas que nos unen en lugar de las cosas que nos dividen.

-Las últimas cartas desde Stanley (Puerto Argentino), escritas por soldados argentinos, ¿son en realidad las últimas? ¿Cómo crees que puede continuar la historia?

Me encantaría ver a estos hombres acercarse a vos y contarte sus historias, si así lo desean. Me encantaría saber cómo les resultó todo y cómo se sienten al respecto. Pero, de nuevo, depende de los propios hombres hacer eso. Creo que cualquiera que se ponga en contacto con ellos para molestarlos, realmente está faltándole el respeto a sus propios héroes. Me he esforzado mucho en abordar este delicado tema con la dignidad, el respeto y el orgullo de estos seres humanos ante todo en mi mente. La guerra causó profundas cicatrices mentales en todos, y todos recibirán su carta con la esperanza de poder curar una herida en su alma. Si alguien elige molestarlos, o ponerlos en un escenario, sería muy triste. Insisto, Argentina debería estar legítimamente orgullosa de sus héroes, de sus veteranos.

"Argentina debe estar orgullosa de sus héroes, de sus veteranos de guerra", proclama el historiador militar y escritor británico Ricky D. Philips.Ricky Philips | Vía País