La delegación nacional no pudo coronar el gran certamen que disputó, que de igual forma quedará en la historia.


Luego de la emocionante victoria ante Francia, Argentina cayó en la final del Mundial de básquet celebrado en China ante España por 95-75, la tercera que disputó la delegación en toda su historia (además de Argentina 1950 e Indianapolis 2002).

La naturaleza de la instancia alcanzada suponía en la previa un partido parejo, aunque el comienzo de la delegación europea fue demoledor. La defensa argenta no se mostraba tan robusta como lo fue siempre, flaqueando en varios sectores y siendo permeable ante los embates ibéricos. Recién a la mitad del primer cuarto “El Alma” logró sacar a relucir su juego, de la mano de Nicolás Brussino que convirtió los primeros ocho puntos. Así, de 14-2 abajo, el seleccionado llegó a ubicarse 14-13 en un determinado pasaje, acabando el parcial con un 23-14.

La tónica del duelo continuó de la misma forma en el segundo cuarto, aunque con tenue mejora de los ibéricos conforme pasaron los minutos. Los rebotes se convirtieron en el mejor amigo de los vestidos de rojo, capturándolos contínuamente tanto en ataque como en defensa. Si bien Argentina avisoraba un cambio de rumbo con momentos de buen juego, España lo marginó siempre a un promedio de 10 puntos de distancia.

Facundo Campazzo (Foto: EFE)

El tercer cuarto se puede definir en claros factores: la eficacia en todo aspecto de Marc Gasol, jugador de Toronto Raptors (campeón de la NBA); la falta de puntería de la “albiceleste” en los tiros de tres puntos y, con mayor enfasis, los rebotes. De cara al último cuarto, el marcador mostraba un 66-47 en favor de España.

El último parcial siguió de la misma forma, con el dominio consumado de los ibéricos y un equipo argentino que nada pudo hacer ante ello, sin dejar nunca de presionar y buscar la pelota, aún cuando la falta de pocos minutos y la amplia desventaja en el tanteador ya había designado tácitamente el final. 95-75 y segundo título del mundo para España.

La derrota no podrá, sin embargo, eclipsar lo logrado por un equipo que no partió como favorito y tenía en sus filas a muchos jugadores en pleno crecimiento. Sin ningún NBA, Argentina le plantó cara a los más grandes adversarios, demostrando un atisbo de futuro promisorio para el básquet celeste y blanco.




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