La organización MuMaLa Alta Gracia hizo público un documento titulado “Queremos que el acoso sexual callejero sea un delito”, en el que refieren a numerosas denuncias que han realizado mujeres de la ciudad y exigen que los Estados asuman compromisos reales para combatir este flagelo. Al gobierno nacional, le solicitan el tratamiento de un proyecto […]


La organización MuMaLa Alta Gracia hizo público un documento titulado “Queremos que el acoso sexual callejero sea un delito”, en el que refieren a numerosas denuncias que han realizado mujeres de la ciudad y exigen que los Estados asuman compromisos reales para combatir este flagelo.

Al gobierno nacional, le solicitan el tratamiento de un proyecto de Ley para “prevenir y sancionar el acoso callejero” y al Estado Municipal, “un protocolo de acción en casos de acoso” para que cada hecho de estas características pueda ser denunciado correctamente y “programas para prevenir el acoso, dirigidas hacia los varones para evitar las agresiones, desmitificar al piropo como algo bueno y crear una sociedad más segura”.

Desde la organización, señalan que muchas de las denuncias por acoso callejero son “volcadas en las redes sociales de las víctimas, a veces con datos como ‘una camioneta que me siguió’ y otras más específicas, incluso con foto y escrache del agresor”.

Asimismo, citan también denuncias de “crímenes sexuales en nuestra ciudad” que, aseveran, antes no eran denunciados o carecían de la visibilidad con las que cuentan en la actualidad: el caso de una joven violada a la salida de un boliche; el de la odontóloga Silvia Maddalena, asesinada en su consultorio; y las recientes acusaciones a acosadores de jóvenes y niñas, en la Avenida del Libertador y en barrio La Perla.

“A nosotras las mujeres nos enseñaron a tener miedo a estas situaciones y a generar un sistema de autocuidado sobre qué hacer para sentirnos un poquito más seguras al habitar la vía pública”, explican y solicitan “un cambio de paradigma”, entendiendo que el problema no son las víctimas sino los agresores. “El cambio social tiene que estar dirigido hacia ellos, enseñándoles a no violar”, sugieren, aclarando que no todos los varones son agresores, pero que “todas las mujeres tenemos miedo de ser agredidas”.






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