Un estudio científico reveló por qué las personas lloran cuando cortan cebollas
Una de las grandes problemáticas de los cocineros domésticos son las lágrimas que produce hacer preparaciones con este vegetal.


Una de las grandes problemáticas que enfrentan todos los cocineros domésticos son las lágrimas por cortar cebolla. A pesar de los cientos de trucos virales que aparecen, como pedirles permiso o meterlas en la heladera antes de hacer el procedimiento, existe un estudio científico que reveló las causas de sus efectos sobre las personas.

La cebolla es una verdura versátil y fundamental en la cocina, con un perfil nutricional que va mucho más allá de ser un simple condimento. Sin embargo, cortar cebolla casi siempre termina en llanto, un fenómeno que la ciencia investigó en profundidad para entender su origen.
Un reciente estudio de la Universidad de Cornell, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences y liderado por el físico Sunghwan Jung, aportó una explicación definitiva y sorprendió con nuevos detalles sobre el proceso que desencadena las lágrimas.
La investigación demostró que el efecto lacrimógeno de la cebolla no solo depende de sus compuestos químicos, sino también del tipo de cuchillo utilizado. Al cortar la cebolla, se rompen células que mantienen separados varios compuestos azufrados. Cuando estos se mezclan, generan un gas volátil llamado sin-propanotial-S-óxido, el verdadero responsable de irritar los ojos y provocar lágrimas.

El estudio reveló que el cuchillo sin filo, al no cortar de inmediato, comprime y tensa la piel de la cebolla como una membrana elástica. Esta presión acumulada provoca una “explosión microscópica” cuando la estructura finalmente se rompe, expulsando microgotas cargadas de compuestos irritantes a gran velocidad. Estas partículas se dispersan en el aire y alcanzan los ojos en cuestión de segundos, generando ese ardor característico. Por el contrario, un cuchillo bien afilado atraviesa la cebolla con menor resistencia, libera menos microgotas y reduce notablemente la irritación ocular.
Además, la técnica de corte influye directamente en la intensidad del lagrimeo. Cortes rápidos y precisos disminuyen la fragmentación del líquido y la propagación del gas, mientras que movimientos lentos y poco controlados favorecen la dispersión de partículas.

El origen del sabor picante de la cebolla también está ligado a los compuestos de azufre que se mezclan cuando la verdura se corta o se muerde. Al activarse la enzima alinasa, se producen moléculas volátiles responsables tanto del picor como del ardor en boca y nariz, además de estimular terminaciones nerviosas que refuerzan la sensación de ardor.
La intensidad de este efecto varía según el tipo de cebolla y su frescura: las cebollas crudas y frescas conservan más compuestos picantes, mientras que el calor de la cocción los descompone y suaviza el sabor. Así, cocinar la cebolla vuelve su perfil dulce y menos agresivo, reduciendo tanto el llanto como el ardor.