Qué dice la psicología sobre las personas que colocan muchas alarmas para despertarse
Se trata de un hábito cada vez más común para las personas y tiene que ver con las complicaciones para el descanso.


Poner alarmas cada tres o cuatro minutos, muchas veces puede parecer raro para muchas personas. Sin embargo, es cada vez más habitual encontrar esta forma de despertarse que la psicología logró encontrar una explicación y definir qué es lo que ocurre en la mente de los sujetos que tienen este hábito.

Este comportamiento está directamente relacionado con las dificultades para el descanso y se ha convertido en un fenómeno recurrente en la vida cotidiana, especialmente en contextos donde el sueño de calidad es difícil de alcanzar.
La costumbre de programar múltiples alarmas, ya sea en intervalos de minutos o incluso de segundos, responde a una sensación de inseguridad respecto al despertar puntual. La psicología y la investigación en medicina del sueño advierten que estas prácticas, lejos de ser inocuas, pueden impactar negativamente en la calidad del descanso nocturno y en la energía con la que se inicia la jornada. El uso repetido de alarmas no solo interrumpe los ciclos naturales del sueño, sino que también puede generar un estado de alerta constante antes de levantarse.
Un estudio del Mass General Brigham, basado en el análisis de más de 3 millones de noches de sueño, reveló que el 56% de las personas utiliza la función de aplazamiento de cinco minutos o programa varias alarmas para poder despertarse.
La Dra. Rebecca Robbins, especialista en trastornos del sueño, explica que muchas personas adoptan este método con la esperanza de dormir algunos minutos extra, pero el resultado suele ser un despertar fragmentado y menos reparador. El deseo de tener tiempo adicional para despabilarse motiva este accionar, aunque la evidencia señala que no se logra el efecto buscado.

La ciencia asocia este hábito a la llamada inercia del sueño, una etapa en la que el cerebro aún no termina de activarse por completo y la transición hacia la vigilia se vuelve más dificultosa. Interrumpir el sueño de forma repetida con varias alarmas puede impedir que las personas alcancen las fases profundas, como la REM, fundamentales para una recuperación efectiva del organismo.
El uso de múltiples alarmas tiene consecuencias directas sobre la calidad del descanso. El estudio del Mass General Brigham indica que quienes recurren a esta estrategia suelen experimentar una frecuencia cardiaca más elevada antes de despertarse y un sueño más superficial en los minutos previos al primer sonido.

Cada alarma produce un microdespertar, fragmentando la continuidad del reposo y dificultando la activación completa del cuerpo al levantarse.
La psicóloga del sueño Alicia Roth, de la Clínica Cleveland, advierte que cuantas más alarmas se programan, más difícil resulta el despertar.
Esta práctica incrementa la fatiga acumulada y retrasa la sensación de haber descansado realmente. Fragmentar el sueño afecta también el rendimiento cognitivo y la capacidad de enfrentar las demandas diarias con energía.
Es por eso que para la psicología, programar múltiples alarmas puede funcionar como una forma de evitar el inicio del día. En términos conductuales, el momento de levantarse se percibe como aversivo (estrés laboral, responsabilidades, ansiedad anticipatoria) y el cerebro busca micro-recompensas inmediatas: “cinco minutos más”.
Es un patrón cercano a la procrastinación clásica, pero aplicado al sueño.