La noble reflexión de Rafa Guerrero, psicólogo infantil, sobre los berrinches de los niños: "Es una verdadera bendición que sus hijos las tengan"

Entender los desbordes emocionales como una instancia de búsqueda de contención permite acompañar el crecimiento de los más pequeños sin juzgar su conducta.

La noble reflexión de Rafa Guerrero, psicólogo infantil, sobre los berrinches de los niños: "Es una verdadera bendición que sus hijos las tengan"
La reflexión del experto. (Gentileza)
19 de octubre de 2026, 17:24

Las rabietas y los berrinches infantiles representan una de las situaciones más complejas y estresantes que los padres y educadores deben afrontar durante la crianza. En esos momentos de crisis, los más pequeños experimentan emociones intensas como la ira y la frustración, las cuales aún no cuentan con los recursos cognitivos para gestionar o verbalizar. Ante el llanto desconsolado y la desesperación, la respuesta habitual de los adultos suele ser detener el episodio de inmediato al percibirlo como una conducta negativa.

La emotiva reflexión de Gabriel García Márquez, escritor, sobre el amor y la felicidad: “La felicidad no es como dicen, que solo dura un instante y no se sabe que se tuvo sino cuando se acabó. La verdad es que dura mientras dure el amor”

La emotiva reflexión de Gabriel García Márquez, escritor, sobre el amor y la felicidad: “La felicidad no es como dicen, que solo dura un instante y no se sabe que se tuvo sino cuando se acabó. La verdad es que dura mientras dure el amor”

Sin embargo, el psicólogo infantil Rafa Guerrero plantea un enfoque totalmente distinto para abordar estas crisis familiares. A través de sus intervenciones en redes sociales, el especialista desmitifica la visión tradicional y asegura que "es una verdadera bendición que vuestros hijos y que vuestros alumnos tengan rabietas". Según su perspectiva, estas manifestaciones son canales indispensables para expresar aquello que les resulta desagradable o abrumador en su entorno.

El valor de la contención adulta y la presencia incondicional

La razón principal por la que el profesional valora estos episodios reside en la confianza implícita que el niño deposita en sus cuidadores al momento de desbordarse. Para Guerrero, la rabieta es una prueba manifiesta de que el pequeño se siente seguro en su entorno. Al respecto, el experto aclara que esto "implica que este chiquitín tiene en quien sostenerse, tiene alguien que le escuche, que esté ahí y luego lo gestionaremos mejor o peor, pero por lo menos hay alguien para poder recibir ese mensaje".

Por qué es una buena señal que tu hijo haga un berrinche.
Por qué es una buena señal que tu hijo haga un berrinche. (Canva)

Por esta razón, calificar la rabieta como algo "bueno" o "malo" mientras ocurre resulta contraproducente para el desarrollo emocional del niño. La función del adulto en el momento de mayor intensidad no es dar discursos morales ni explicaciones lógicas, sino ofrecer una presencia tranquila y validar la emoción. Acompañar sin juzgar permite que el niño atraviese la tormenta emocional sabiendo que cuenta con un refugio seguro a su disposición.

Por qué las personas más felices repiten constantemente cinco frases que refuerzan su visión optimista, según la psicología

Por qué las personas más felices repiten constantemente cinco frases que refuerzan su visión optimista, según la psicología

El mito de la manipulación infantil antes de los cuatro años

Existe la creencia errónea entre muchos adultos de que los berrinches son estrategias de manipulación deliberadas para conseguir golosinas, juguetes o caprichos del momento. No obstante, la neuropsicología demuestra que los niños pequeños carecen del desarrollo cerebral necesario para ejecutar ese tipo de razonamiento complejo. Para poder manipular a otra persona se requiere de un funcionamiento ejecutivo maduro y de la capacidad de ponerse en el lugar del otro, habilidades que recién comienzan a consolidarse a partir de los cuatro años.

Berrinche.
Berrinche. (Canva)

Comprender que un berrinche no es un ataque personal ni una conducta fría ayuda a los padres a mantener la calma durante los momentos críticos. En lugar de reaccionar con enojo o castigos, entender la crisis como un pedido de ayuda fortalece el vínculo afectivo y enseña autorregulación a largo plazo. De esta manera, el acompañamiento amoroso convierte una situación caótica en una oportunidad única de aprendizaje y conexión emocional.