La psicología explica que los niños que siempre están expuestos a las pantallas no solo pueden desarrollar mayor dependencia, sino que reducir su uso de forma brusca podría generar ansiedad
La psicóloga infantil Paloma Méndez explicó por qué la desconexión tecnológica debe ser progresiva y basada en la pauta familiar.
Cómo afectan las pantallas a los más chicos.(Canva)
El uso intensivo de dispositivos celulares, tabletas y consolas por parte de los más chicos es una inquietud creciente en la crianza contemporánea. La sobreexposición a pantallas durante las vacaciones o el tiempo libre no solo fomenta patrones de adicción digital, sino que plantea un importante desafío para las familias cuando intentan restituir los límites. Cortar de manera drástica el acceso a la tecnología suele desencadenar episodios de marcada angustia, berrinches e irritabilidad, transformando la desconexión en un foco de conflicto doméstico.
Ante este escenario, la psicóloga infantil Paloma Méndez (del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid) advirtió que la reducción del tiempo frente a los dispositivos debe ser "progresiva" para que resulte "asumible y no genere ansiedad y resistencia".
El impacto en la atención y las relaciones entre iguales
La especialista detalló los mecanismos biológicos que vuelven a los entornos digitales tan adictivos para los niños en desarrollo: "Las pantallas ofrecen una estimulación lumínica, acústica, sonora y cambiante que hace que se aburran en contextos más neutros o menos intensos, como jugar con otro niño, escuchar al profesor o leer un cuento".
El uso de pantallas en los niños aumentó significativamente en los últimos años.(Canva)
Esta dinámica hiperestimulante atenta contra la motivación por el aprendizaje y empobrece la interacción social presencial, la cual pasa a percibirse como "menos estimulante". Además, diversas investigaciones respaldan la asociación entre una exposición precoz a las pantallas con la aparición de déficit atencional y disfunción ejecutiva.
Entre las principales señales de alerta que indican una dependencia problemática, Méndez enumeró:
Mayor irritabilidad y descompensación emocional al momento de retirar el dispositivo.
Pérdida progresiva de interés por actividades recreativas, deportivas o creativas fuera de línea.
Aislamiento social y dificultades para gestionar la frustración ante límites cotidianos.
Estrategias familiares para un desmonte progresivo
Para revertir el tiempo de uso sin provocar crisis de ansiedad, la profesional enfatiza la necesidad de la "autoobservación del adulto", recordando que los límites tecnológicos deben comprometer a todo el hogar.
Entre las recomendaciones centrales expuestas por la especialista se destacan:
Desconexión gradual y consensuada: Definir horarios fijos para abandonar celulares y tablets, permitiendo al cerebro infantil anticipar el cierre de la actividad.
Espacios libres de tecnología: Silenciar y alejar los teléfonos durante las comidas, cenas y actividades compartidas.
Dormitorios limpios de pantallas: Evitar que los dispositivos permanezcan en las habitaciones durante las horas de sueño.
Fomento de alternativas gratificantes: Generar propuestas de ocio al aire libre y en grupo para sustituir el tiempo de pantalla por estímulos reales.
Resignificación neurobiológica: el "goteo de dopamina" y la regulación emocional
Desde la perspectiva de la neurociencia infantil, el 'scroll' continuo y las dinámicas del contenido digital operan alterando el sistema de recompensa del cerebro.
Los especialistas aseguran que puede causarles ansiedad.(Canva)
Las aplicaciones mezclan estímulos neutros con temáticas de alto interés para favorecer un "goteo constante de dopamina", la sustancia química vinculada al placer y la anticipación. Cuando este flujo dopaminérgico se interrumpe de forma abrupta mediante un arrebato del dispositivo, el sistema nervioso del niño experimenta una caída sintomática similar a la abstinencia, manifestando cuadros de angustia aguda al carecer aún de la madurez prefrontal necesaria para autorregularse. Un abordaje paulatino y acompañado por los adultos permite restablecer la sensibilidad a la estimulación natural sin traumatizar el desarrollo emocional.