Ni carne ni pescado: la comida de tu perro o gato podría terminar contaminada por esta razón científica
Especialistas en pericia veterinaria explican cómo los fallos en la cadena de frío, la trazabilidad y la conservación alteran los alimentos de origen animal.
La calidad de la alimentación de las mascotas es una prioridad creciente en los hogares, donde perros y gatos consumen diariamente insumos elaborados a base de carne, pescado y otros derivados de origen animal. Sin embargo, cuando un alimento llega en mal estado, genera un cuadro digestivo o presenta irregularidades en su etiquetado, la causa no siempre reside en la materia prima original. La seguridad alimentaria de estos productos puede verse seriamente comprometida a lo largo de toda la cadena de distribución por fallos de conservación, contaminación cruzada o ruptura de la cadena de frío.

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Ante este tipo de incidentes, la intervención de los peritos veterinarios resulta determinante. Estos profesionales analizan de manera técnica el recorrido del insumo desde la producción primaria hasta el plato de la mascota para identificar en qué eslabón se produjo la falla y deslindar responsabilidades legales o comerciales.

Las diferencias entre un alimento alterado, no conforme y peligroso
En la gestión de la seguridad alimentaria, no todas las irregularidades representan el mismo nivel de riesgo para la salud del animal. Los especialistas en auditoría médica dividen los hallazgos en tres categorías fundamentales para guiar las reclamaciones:
- Alimento alterado: Sufre variaciones en sus características organolépticas (olor, color, textura o sabor) por mala conservación, sin ser necesariamente tóxico.
- Alimento no conforme: Incumple con las especificaciones legales de etiquetado, peso declarado o trazabilidad, aunque no afecte la salud de la mascota.
- Alimento peligroso o contaminado: Contiene bacterias, toxinas o agentes químicos que ponen en riesgo directo la vida del animal o de las personas que manipulan el producto.
Identificar con precisión científica cuál de estas situaciones ocurrió permite a los consumidores, distribuidoras y aseguradoras actuar con datos objetivos frente a un reclamo formal.


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El rol del informe pericial y la conservación de pruebas
Cuando se sospecha que el alimento de una mascota causó un daño a su salud o que existió un fraude comercial, la recolección oportuna de evidencias resulta indispensable. Guardar el paquete original con su número de lote, conservar muestras del producto, solicitar informes clínicos inmediatos al veterinario de cabecera y recopilar facturas de compra son pasos clave para sostener una investigación técnica.
Un informe pericial independiente analiza factores clave como el control de temperatura en depósito y transporte, la presencia de patógenos y la cadena de custodia del producto. Contar con un dictamen profesional no solo facilita la resolución de litigios judiciales, sino que permite alcanzar acuerdos extrajudiciales con fabricantes y aseguradoras de forma rápida, evitando conflictos prolongados y garantizando la protección de los derechos del consumidor y el bienestar animal.

