Bárbara Tijerina, experta en comunicación no verbal: "Si algo no te gusta, el pie se va a empezar a mover"
La especialista analiza las señales corporales más involuntarias del ser humano y explica por qué la postura de las extremidades refleja las emociones reales.

La comunicación interpersonal trasciende con frecuencia el ámbito de las palabras. Aunque en una conversación es habitual intentar controlar el tono de voz o disimular el descontento en el rostro, el cuerpo suele revelar estados emocionales de manera involuntaria.

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Durante su participación en el pódcast Tengo un Plan, la experta en lenguaje no verbal Bárbara Tijerina analizó la dificultad de enmascarar las reacciones físicas intensas. En ese sentido, destacó que "si algo no te gusta, el pie se va a empezar a mover", asegurando además que "el pie es de las partes más honestas" de la anatomía humana al momento de comunicar.
Los pies y la "regla del ombligo" como termómetro de atención
Esta espontaneidad se debe a que las extremidades inferiores son mucho más difíciles de fiscalizar conscientemente cuando experimentamos aburrimiento, rechazo o ansiedad. De forma casi automática, el cuerpo busca una vía de escape física ante la incomodidad.
Asimismo, Tijerina destaca que la orientación espacial de las piernas y del torso indica de forma precisa dónde se ubica el foco de atención real de una persona. La especialista ilustra este principio mediante la conocida regla del ombligo, que sostiene que dirigir el centro del cuerpo y las puntas de los pies hacia el interlocutor constituye el indicador más auténtico de interés e integración en un diálogo.

Las manos también representan una fuente clave de información para la lectura corporal. Al analizar intervenciones públicas o debates políticos, la experta señala que cuando alguien domina una temática y argumenta con convicción, sus ademanes fluyen de manera coordinada y armónica con el discurso.
Por el contrario, cuando surge la incomodidad o el nerviosismo, aparecen los denominados gestos adaptadores. Se trata de movimientos repetitivos como acomodarse el pelo, tocarse la ropa o manipular objetos para intentar autorregular la tensión del momento.

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La lectura del contexto y el peligro de los falsos detectores
No obstante, Tijerina advierte que no existen fórmulas matemáticas ni detectores infalibles dentro de la comunicación no verbal. Gestos aislados como tocarse la nariz o cruzarse de brazos no significan automáticamente que una persona esté mintiendo o rechazando la interacción. Por eso, resulta indispensable interpretar cada movimiento dentro de un contexto amplio y en comparación con el comportamiento habitual del individuo.

En los primeros encuentros o reuniones decisivas, prestar atención a estas señales corporales permite comprender el nivel de empatía de la otra persona. Sostener el contacto visual de forma equilibrada, reducir la frecuencia del parpadeo y mantener una postura abierta hacia el interlocutor genera una percepción de calidez y autenticidad.
Sin embargo, la especialista enfatiza que el objetivo de conocer estas herramientas no es impostar una gestualidad ensayada. Lo importante es desarrollar una observación más atenta para conectar de forma natural con los demás, comprendiendo que el cuerpo siempre acompaña a lo que sentimos.
