En el marco del Día Internacional del Celíaco, que se conmemora cada 5 de mayo, la emprendedora local Gladys Díaz puso el foco en la importancia de visibilizar esta condición y generar mayor conciencia en la sociedad.
“No se celebra, es un día para concientizar a la gente sobre la celiaquía, que es una problemática que viene creciendo desde hace muchos años y lamentablemente sigue avanzando”, afirmó.
Díaz lleva más de 20 años dedicada a la elaboración de alimentos sin gluten en Tres Arroyos, un camino que comenzó de manera casi casual y que con el tiempo se transformó en un emprendimiento consolidado.
Un proyecto que nació por necesidad
El origen de su trabajo se remonta a comienzos de los años 2000, cuando la maestra de jardín de su hija fue diagnosticada con celiaquía en un contexto en el que prácticamente no existían productos accesibles.
“En ese momento no había productos elaborados como los que hacemos hoy. Ella me traía materia prima desde La Plata, porque acá se conseguía muy poco, y yo empecé a cocinarle para el día a día”, recordó.
Con el paso del tiempo, la demanda creció. “Empezó a venir una mamá, otra mamá, y después más familias. Cuando me quise acordar, esto ya necesitaba otro formato”, explicó.
Ese crecimiento coincidió con la creación de la filial local de la Asociación Celíaca Argentina, espacio al que se acercó para capacitarse y mantenerse actualizada sobre productos aptos y normativas.
Finalmente, el emprendimiento se formalizó como un local propio, tras gestionar una ordenanza municipal que le permitió ampliar su vivienda y destinar un espacio exclusivo a la producción.

“Hoy llevamos 22 años haciendo productos para celíacos”, resumió.
Producción especializada y sin contaminación cruzada
El emprendimiento de Díaz se caracteriza por una producción integral de alimentos sin gluten, que abarca desde panificados hasta productos dulces y salados.
“Trabajamos con todo lo que el común de la gente consume: panificados, pizzas, empanadas, pastas, sándwiches de miga, productos dulces. Y lo que no se consigue en el mercado, lo hacemos”, explicó.
Además, provee a confiterías y comercios gastronómicos de la ciudad, garantizando condiciones de seguridad alimentaria.
“Todo va bien sellado, para evitar la contaminación cruzada, que es clave en este tipo de productos”, remarcó.
La producción se realiza en un entorno completamente libre de gluten, con estrictos controles en la manipulación de materias primas.

Costos elevados y falta de regulación
Uno de los principales desafíos del sector continúa siendo el alto costo de los insumos, especialmente las harinas sin gluten.
“Un kilo de harina común puede rondar los 2.000 pesos, mientras que una harina sin gluten está cerca de los 8.000. Hay una diferencia muy grande y nadie regula esos precios”, advirtió.
Según explicó, el valor de estos productos está vinculado a los requisitos que deben cumplir las plantas elaboradoras, que requieren habilitaciones específicas y procesos controlados.
“Se necesitan instalaciones homologadas y eso también influye en el costo. Pero además, hay poca regulación en los precios”, señaló.
Una demanda en crecimiento
Díaz también destacó que el consumo de productos sin gluten ya no se limita exclusivamente a personas con diagnóstico de celiaquía.
“Hoy también hay personas con intolerancias, diabetes, enfermedades crónicas o niños con autismo a quienes se les retiran las harinas tradicionales. Es una demanda que va en aumento”, indicó.
En ese contexto, remarcó la importancia de diferenciar los espacios de producción.
“Nosotros trabajamos exclusivamente para celíacos. Hay lugares que elaboran sin gluten, pero no todos garantizan las mismas condiciones”, concluyó.
La jornada del 5 de mayo, entonces, se presenta no solo como una fecha simbólica, sino como una oportunidad para visibilizar una problemática de salud que sigue creciendo y que requiere mayor información, accesibilidad y compromiso social.
