Un profesor de matemáticas del secundario y una maestra de la escuela primaria describen las vicisitudes de ejercer la profesión bajo estas circunstancias.


La realidad de la cuarentena impuesta como resultado de la aparición de la pandemia del coronavirus en la Argentina y en el mundo, impacta profundamente en casi todos los órdenes de la vida social y económica, pero muy especialmente en la educación, donde el distanciamiento deteriora el vínculo docente alumno, que es visto como esencial para el proceso de enseñanza aprendizaje.

En torno al tema, Vía Santa Rosa entrevistó a dos docentes que desempeñan sus tareas en escuelas de la capital pampeana, quienes nos cuentan sus vivencias y describen las vicisitudes de ejercer la profesión bajo estas circunstancias.

Víctor Filippa, que da clases de matemáticas en cuatro colegios, el Edgar Morisoli y el República Argentina, que son establecimientos del conglomerado de viviendas sociales Plan 5000, y el Julio Colombato y el Paulo Freire, en otros barrios, dice que es “bastante compleja la situación”.

“Es muy nueva para todos los docentes, porque si bien es cierto que manejo de lo virtual siempre hay en la docencia, tiene que ver más que nada con hacer cursos, participando como alumnos nosotros, los docentes, en capacitaciones. Pero como docentes en la virtualidad, es la primera vez. De golpe caemos en esta situación, y en la formación docente no tenemos ninguna preparación en este aspecto“, describe el profesor.

Betiana Ferreyra, que es docente en la primaria y trabaja en el sexto grado de la escuela N° 4 Coronel Remigio Gil, explica que vive el momento “con mucha tensión y preocupación de poder llegar a cada alumno de la mejor manera”.

“Esta nueva forma de enseñar nos ha permitido tener un mayor contacto y cercanía con distintos elementos tecnológicos, que llegaron para fortalecernos en estrategias renovadoras para el aula, pero a la vez, nos encontramos con la realidad limitada de algunos alumnos para poder acceder, y entonces tuvimos que buscar distintas metodologías”, manifiesta.

Betiana Ferreyra junto a su hijo, Tobías (Facebook)

Ferreyra cree que “como institución ponemos lo mejor para llevar adelante la educación y logramos continuar con nuestras planificaciones pautando una nueva organización y forma de trabajo, lo que se pudo lograr gracias al desempeño en equipo”.

Pero dice que, como docente “siento una gran responsabilidad e incertidumbre, porque la magia de nuestro rol está en el contacto con los niños de manera presencial y continua. Si bien estamos en contacto todos los días, no es lo mismo una explicación a través de una cámara o por mensaje que poder ver la expresión durante dicha explicación”, analiza.

Filippa explica que “la vivencia en sí es muy compleja, la pérdida de la presencialidad para mí es clave en la educación, el contacto humano con los estudiantes. Perdiendo eso es muy complicado el proceso educativo”.

El profesor cuenta que implementó un canal de Youtube “donde voy subiendo los videos con las explicaciones teórico prácticas que necesitan para resolver los trabajos, generalmente mucho más cortos de lo que trabajaríamos en clase, un poco más sencillos”. Pero aclara que “depende del colegio, en algunos funciona más el grupo de Whatsapp, y en otros, plataformas como el Classroom o similares”.

En el proceso educativo docente-estudiante, la presencialidad es insustituible“, sostiene, al tiempo de afirmar que en estas circunstancias “no hay proceso educativo, sí hay un acercamiento de los estudiantes a ciertos conceptos, a ciertas definiciones, pero tiene límites enormes”.

“Los colegios se fueron adaptando a medida que pudieron, yo particularmente trabajo en colegios que reciben a chicos de barrios humildes, familias trabajadoras de pocos recursos. Varios de ellos con esta cuarentena salieron a trabajar y no están haciendo las actividades, es como si hubieran abandonado el colegio, otros están con limitaciones porque no tienen celular o computadora propia”, describe Filippa.

Víctor Filippa (Youtube)

Un estudiante me escribió aclarándome que no tenía wifi en la casa y que se le complicaba mucho gastarse todo el crédito en los trabajos de la escuela, e igual no llegaba a hacerlos todos. Son situaciones muy complejas para las escuelas, por lo menos en el ambiente en que trabajo yo. Seguramente en otra situación social, en colegios de otra situación económica de los estudiantes debe ser diferente. Esta pandemia evidenció eso, evidenció las diferencias sociales, que son muy marcadas, y las dejó justamente a la vista de todos los docentes”, sentenció.

Por su parte, Ferreyra recuerda que “los alumnos, por momentos, expresaban mucha angustia por la falta de contacto con sus pares y docentes. Ellos se muestran interesados y abiertos a todas las propuestas. Esperan el encuentro a través de Zoom para poder contarnos cómo realizaron las actividades o alguna anécdota cotidiana. Por suerte la mayoría logró continuidad en la organización diaria, pero no dejan de preocuparnos aquellos que no tuvieron las mismas posibilidades”.

El profesor de matemáticas dice que a sus alumnos los ve “abandonados, en el sentido de que no tienen ningún tipo de contención. Ellos, al no contar con los medios tecnológicos, al no contar con internet, al no contar simplemente con la libertad de poder dedicarse solamente a estudiar porque tienen que salir a trabajar, quedan bastantes desprotegidos”.

“Me preocupa mucho. Desde el Estado, históricamente, tratan de desligarse de las responsabilidades. Todos los gobiernos, unos más, otros menos. En los doce años que llevo trabajando pasé por diferentes gobiernos. Siempre teniendo que reclamar desde la docencia que el Estado cumpla con sus responsabilidades, para que se creen aulas, para que no se cierren divisiones, para que se creen cargos, siempre protestando”, ejemplifica.

Por último y en torno a la futura vuelta a clases con el cumplimiento de los protocolos de prevención, Filippa asegura que “la única garantía de que se cumplan las condiciones de salubridad y de seguridad en las escuelas va a depender justamente de la organización de los docentes, de los directivos, de los porteros. Para que de alguna manera seamos nosotros los que regulemos si se están cumpliendo las condiciones o no”.

Y en referencia a los funcionarios, opina que “como siempre son muy formales, un discurso muy armado, pero cuando lo llevás a la realidad de cada escuela, enseguida te das cuenta que es algo escrito en el aire“.

Ferreyra considera que “el regreso va a ser un nuevo desafío, porque es muy difícil para un niño mantener distancia con el docente. Es fundamental para él poder acercarse para percibir mejor las explicaciones. La expresión de cariño y contención es parte de nuestra labor diaria. Sólo se aprende cuando se logra una verdadera conexión de miradas y expresiones“, concluye.




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