La joven de 29 años llegó a la provincia desde el sur del país. Es asintomática y cumplía la cuarentena en una vivienda en Rosario de Lerma.


Ella trabajaba como mucama en un hotel de El Chaltén, en la provincia de Santa Cruz, y por la crisis económica que la pandemia generó en el sector turístico, quedó desempleada. Volvió a su provincia, Salta, y aquí confirmó que se había contagiado de coronavirus sin haber tenido un solo síntoma.

Cumplía el aislamiento obligatorio en una casa en el barrio Islas Malvinas del municipio salteño de Rosario de Lerma cuando se desató la desmedida e injusta furia de sus vecinos. Fueron a buscarla para insultarla y culparla de contagiar a la comunidad. Incluso apedrearon la ambulancia que fue a buscala para llevarla al Hospital Papa Francisco.

“Sabían mi nombre, donde vivía y quién era mi familia. Fue horrible. Comenzaron a pasar personas por fuera de mi aislamiento gritando cosas. Me trataron como un delincuente. Solo fui a trabajar afuera y me contagié. Hubo políticos que foguearon todo esto, tuve miedo de lo peor cuando nos sacaron del barrio, pensaba que moría”, aseguró la joven a El Tribuno.

La paciente llegó a Salta el 27 de abril y quedó alojada en un predio de la Universidad Católica especialmente acondicionado para repatriados internos hasta que el 30 de abril fue trasladada a la casa del barrio Islas Malvinas. Cumplía su cuarentena cuando personal sanitario del pueblo le practico un hisopado. Días más tarde le confirmaron que tenía coronavirus, ella nunca tuvo síntomas, y asegura que cumplió con el protocolo. La gente la trató como una delincuente por haberse enfermado. 


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