Después de perder sus piernas en Córdoba, la salteña Beatriz Farfán cuenta que lo que la sacó adelante, fue pensar en sus dos hijos. Un ejemplo de fortaleza ante la adversidad.


A veces es solo un instante. Un instante que pasa desapercibido en el mar de horas y días que marcan el compás de las personas. Un instante desafortunado, un abrir y cerrar de ojos, eso fue lo que le significó a Beatriz Farfán perder sus dos piernas como víctima colateral de un accidente de tránsito.

Había ido a Córdoba a ver el recital de Luis Miguel, y dos días depués del show caminaba por Nueva Córdoba perdida con una amiga, preguntándose como era el color de los taxis en esa provincia.

Sobre esa escalinata estaba sentada Beatriz al momento de ser impactada por la Renault Kangoo fuera de control.

En un momento, su amiga se alejó por que creyó vislumbrar uno, y en ese instante, un conductor pasó el semáforo en rojo y colisionó contra otro vehículo. Los vehículos se arrastraron a toda velocidad por la fuerza del impacto y golpearon a Beatriz, que se encontraba sentada en una esquina.

“Fue así, vi una luz que se acercaba, y después no me acuerdo de nada más,” contó la mujer, que ya se encuentra en su casa de Salta, rodeada de su familia, e intentando volver a su vida, que cambió para siempre.

“Después de algún tiempo pude ver los videos de las cámaras de seguridad, y si, fue muy fuerte. Yo llegue mutilada al hospital. Me tuvieron que hacer un torniquete unos chicos que pasaban por ahí.”

Para Beatriz, esos jóvenes, que casualmente caminaban por ahí al momento de producirse el accidente, fueron los que le salvaron la vida, ya que el torniquete impidió que se desangrara en los 15 minutos que demoró en llegar la ambulancia a socorrerla.

Beatriz y Pablo Giesenow juntos y sonriendo pese a la tragedia que sufrió la mujer. (Facebook)

A raíz del impacto del vehículo contra sus piernas, debieron amputárselas, ya que se encontraban en un estado irrecuperable. “Me desperté como a los cuatro días, y me informaron lo que había pasado. Yo creí que me había tropezado o fracturado, ni había tomado conciencia de que había tenido un accidente.”

“Es así, un pestañazo te puede cambiar la vida,” dijo Beatriz, que es un ejemplo de superación ante la adversidad. “Al mes del accidente, ya empecé a hacer las cosas de la casa, y mi casa no está adaptada para una persona con silla de ruedas.”

Ante la terrible situación, la salteña debió tomar una postura, y decidió no dejarse vencer: “Yo siempre le digo a mi familia, yo me adapto a ustedes, no ustedes a mi,” expresó como filosofía de vida.

“Lo que me ayudó desde el momento uno, fue darme cuenta que tengo dos hijos, y tenía dos opciones: o me echaba a morir, o me enfocaba en darles una buena enseñanza a mis hijos. Ellos son chicos y necesitan tener una mamá fuerte,” concluyó la mujer.




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