Debutó en los Juegos Olímpicos en Seúl 1988, y fue medallista en Atenas y Beijing. En 2015 le diagnosticaron cáncer de pulmón; tras una cirugía en la que le extirparon el 80% de un pulmón, pudo superarlo. Menos de un año después, en Río de Janeiro –su sexto Juego Olímpico–, logró la medalla dorada junto a su compañera Cecilia Carranza en la categoría Nacra 17. Junto a ella se prepara para competir, en julio próximo, en Tokio en su séptima cita olímpica (consiguieron la clasificación en agosto de 2018, durante el Mundial en Aarhus, Dinamarca).

En marzo, Santiago Lange uno de los más grandes regatistas de la historia, está presentando Viento: la travesía de mi vida, su primer libro. En colaboración con el periodista Nicolás Cassese y publicado por Ediciones B, el libro cuenta la vida de pasión, resiliencia y tenacidad del atleta en busca de sus sueños.

Antes de su partida rumbo a las competencias europeas dialogó con Rumbos sobre su actualidad y expectativas por el futuro.

¿Cuál es la expectativa de este viaje a Europa?

La expectativa de este viaje es de entrenamiento para los Juegos de Tokio, principalmente. Vamos a participar en un torneo la primera semana de abril donde competiremos con equipos como el inglés, el austriaco y el italiano. Son dos de los últimos campeones del mundo. Así que nosotros vamos muy bien, conformes con la preparación que estamos llevando a cabo.

¿Cómo fue el entrenamiento durante 2020 en medio de la pandemia? ¿Y estos últimos meses previos a partir a Europa?

Como a todos, la pandemia nos pegó fuerte y nos hizo aprender muchas cosas. Estuvimos tres meses confinados en Buenos Aires, en los cuales priorizamos la parte física, el entrenamiento personal. Aprovechamos para trabajar un montón, hicimos los análisis previos para las competencias, todas cosas que no teníamos tiempo de hacer antes. Luego de eso hicimos una gira por Europa de cinco meses y dos torneos. Estos últimos meses previos a los juegos olímpicos son los momentos con más presión de toda nuestra carrera, donde cada decisión cuenta. Son momentos maravillosos. Se viene lo que nos gusta a nosotros, y hay que disfrutarlo, estar muy concentrados y focalizados para llegar a los juegos de la mejor manera posible.

¿Qué se siente luego de tantas competencias, y después de ser oro, volver a enfrentar la exigencia de unos Juegos? ¿Son tus últimos?

Son muchos años dedicado a esto y lo que más siento es que me gusta lo que hago y quiero seguir haciéndolo por ahora. Estamos, tanto yo como todo el equipo, muy motivados y con la ilusión de llegar bien preparados a Tokio. Si son los últimos o no todavía no lo sé. La verdad es que me tira mucho seguir. También es verdad que sé que es una vida muy exigente y quizás en algún momento va a llegar el día de disfrutar otras cosas. Pero todavía no lo sé, esa es una decisión que voy a tomar después de los juegos olímpicos de Tokio.

Así se lo describe a Santiago Lange en una parte de su biografía en su web personal: “Tenaz, apasionado, meticuloso, impulsor del trabajo grupal y de los proyectos en el largo plazo, persistió en su sueño: el oro olímpico. Lo logró a los 54 años. Evento especial. Primeros Juegos en América del Sur (Brasil). Primera categoría olímpica mixta del yachting. Primera ocasión con una mujer como tripulante. Y habiendo sido operado de cáncer de pulmón meses antes. Toda una epopeya”. Atrás quedaban aquellos años noventa en los que lo tentó el seleccionado de España (había migrado debido a las crisis en la Argentina). Atrás quedaban aquellos inicios del siglo XXI en los que se separó de la madre de sus cuatro hijos y vivió cuatro años en un barco de madera amarrado al Náutico San Isidro. Atrás quedaban el cáncer y el futuro incierto, la muerte acechando, el quirófano (22 de septiembre de 2015, día de su cumpleaños número 54), la flojera física. “Fue una coincidencia linda entre operación y natalicio. Quería empezar una nueva vida, dar vuelta la página. Rarísimo lo del cáncer. Yo era un hombre sano. Deportista. Me cuido. Como bien. No tomo alcohol. Nunca fumé. “¡¿Por qué me pasa esto a mí?!”, me preguntaba. Después fue ¿para qué a mí?. Entonces, el cáncer se transformó en desafío, no en enfermedad. Estaba en una tormenta en medio del mar y no podía bajarme del barco. Una realidad que había que vivir”

¿Y cómo llevas el desgaste físico luego de más de tres décadas compitiendo?

Por suerte el cuerpo siempre me sigue acompañando. Obviamente, me va fallando, aquí y allá pero lo aguanto bien. Todavía disfruto mucho de entrenar fuerte, de exigirme continuamente.

¿Cómo es el vínculo con tu compañera Cecilia Carranza?

Con Cecilia somos compañeros de equipo ya hace muchos años. Tenemos una gran amistad. Un vínculo de mucho respeto y sinceridad en nuestra relación. Después obviamente, hay tensión. Nosotros trabajamos bajo mucha presión, a veces hay distintas opiniones. Pero trabajamos bien y siempre vamos para adelante y siempre la idea es seguir mejorando como dupla.

¿Cómo es tu vida cuando no entrenás? ¿Podés vivir lejos del agua?

Son pocos días los que no entreno al año. Me gusta mucho lo que hago así que navego 300 días al año. Tengo un montón de intereses: me gusta el diseño naval y todo tipo de diseño, la arquitectura. Y bueno , tengo cuatro hijos, amigos. Me gusta surfear. Y sí, puedo estar lejos del mar pero me gusta estar cerca (risas).

¿Y cuando ya no compitas, qué vas a hacer?

Gracias a Dios siento que voy a tener muchas opciones para el día en que me retire. Voy a hacer muchas cosas de las que no puedo hacer por estar en alto rendimiento: disfrutar muchísimo más de mi familia, de mis amigos y de mis lugares.

Santiago Lange tenía ocho meses cuando con su papá entró al agua por primera vez,en el Yacht Club Argentino de San Fernando. Ya a los 5 años flotaba con su chinchorro detrás del velero familiar. A los 8 años, recibió en Navidad su primer barco de la clase Optimist y no paró. Es arquitecto naval y por un tiempo vivió, luego de separarse de su esposa, en su barco amarrado en el Club Náutico San Isidro junto a sus cuatro hijos.

Lange le comentó al diario Clarín los pormenores de la logística para los Juegos Olímpicos en medio de la incertidumbre por la pandemia de Covid. Dice que le encantaría llegar a Japón el 1° de mayo, y todavía es su plan, pero no saben si podrán, aunque ya hay barcos viajando a Japón. Tampoco es seguro que no vayan a tener que hacer 14 días de cuarentena al llegar ni si van a poder vivir afuera de la Villa Olímpica, como quieren, porque es una estrategia que siempre les da muy buenos resultados. Por ahora no saben nada y eso hace que todo lo que es la planificación se complique mucho.

¿Cómo surgió la idea del libro? ¿Qué expectativas tenés con él?

Surge desde Red Bull, que es mi compañero de viaje desde el año 2000, y bueno, la acepté medio inconscientemente. Ojalá que a la gente le guste, que pase un buen rato leyéndolo. Fue muchísimo el trabajo, junto al periodista Nicolás Cassese, disfrutamos mucho del proceso y estaría bueno que la gente lo pueda disfrutar también.

¿Qué parte de la historia de tu vida fue la más emotiva o difícil de contar?

La parte más emotiva es el capítulo uno, el de nuestros inicios. Es algo que fue fácil de escribir y me gustó rememorar esas épocas. De hecho le conté toda la historia a Nicolás yendo al club (Yacht Club Argentino de San Fernando) y mostrándole cómo vivíamos. Es una parte muy linda del libro. Y la parte difícil de contar… Hubieron muchos, porque querés que sea y que describa realmente la verdadera historia. Y es complejo, es complejo recordar, acordarse de todo lo que pasó. Tratar de no usar palabras que puedan herir a la gente mientras que contás la verdad.

¿Crees que sos un ejemplo de vida, de resiliencia?

La verdad que no. No actúo como tal pero sí a veces lo siento. Hoy a través de las redes sociales o por la calle la gente te pone en un lugar de resiliencia o de ejemplo pero yo trato de ser siempre una persona normal y seguir mirando para adelante, ver el vaso medio lleno.

Hace unos días le dijo a la revista Clase del diario El Cronista Comercial que lo impresiona lo importante que es tener objetivos claros e ilusión, dos cosas que el Covid-19 quiso llevarse. Dice que está claro que nadie en el planeta sabe lo que va a pasar en 6 meses. Por eso, hay que aceptar que es muy difícil acertar, que las cosas van a cambiar y que seguirán los imprevistos. Como navegante, la naturaleza le enseña todos los días que los planes están hechos para cambiarse.

En un pasaje del libro decís: “La medalla de oro de Río representa la conquista de un sueño que perseguí durante mucho tiempo. Ese podio olímpico no solo marca el punto más alto de mi carrera, sino que está ligado a las elecciones más importantes de mi vida. Sin que lo advirtiera, la línea que dividía mis días en el agua y mis días en tierra se fue borrando. Por eso, cuando me colgaron la medalla sentí que toda mi historia confluía en ese momento”. Me pregunto qué significaba esa línea que separaba agua y tierra en tu vida...

Esa es una frase muy bonita que escribieron Nicolás Casesse y Héctor M. Guyot. Creo que lo que significa es que a lo largo de mi vida hubo una pequeña pelea entre la vida normal, de cualquier persona en tierra, y el agua. Y me fue llevando a tener desafíos por cumplir y creo que en Río de Janeiro, obviamente, sentí que estaba haciendo lo que quería. Porque la verdad que ahí fue una decisión grande en mi vida. Toda la preparación previa… Ahí se representa la frase del libro: decidir dejar la parte de tierra y dedicarme 100% a lo que me gusta que es correr regatas.