Tres años atrás, rescatistas y rehabilitadores de vida silvestre encontraron tirado al costado de la ruta a un mapache bebé de tan solo unas semanas de vida. Nikki Robinson no pudo abanadonarlo y se lo llevó.

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“Cuando preguntás qué tenés que hacer con un mapache huérfano, te dicen: ‘dejalo en paz y que la naturaleza siga su curso o podés llevarlo al veterinario y tendrán que sacrificarlo’. Eso me rompió el corazón. ¡No podía dejar que sucediera!”, dijo Nikki, que trabaja con el equipo de rehabilitadores.

Nikki y un mapacheFoto: Instagram @/red_pangolin

Robinson tuvo que empezar a buscar una manera de cuidar al mapache para que no muera. A pesar de que ella trabajaba tiempo completo, su madre Linda, que estaba semi-jubilada, podía hacerse cargo del bebé.

Es que Nikki le aclaró a su mamá que no tendría hijos en el futuro próximo y entonces Linda aceptó, a regañadientes, cuidar al pequeño Little Hands (pequeñas manos). Además de proteger su bienestar, le daba la mamadera todos los días.

“La primera vez que lo alimentó con mamadera y él la miró, ella simplemente se derritió. Ella lo trató con mucha dulzura desde el principio porque a los mapaches les gusta mucho que los toquen. Así que creó un vínculo con él, incluso sabiendo que volvería a la naturaleza en algún momento”, contó Robinson.

Linda junto a un mapacheFoto: Instagram @/red_pangolin

Little Hands fue hallado en junio y para finales de septiembre ya estaba sano, fuerte y listo para volver a la vida salvaje por su cuenta. Las recomendaciones fueron que lo dejen en libertad, pero cerca de su hogar. Así, se acostumbraría a andar solo, pero quizás volvería a alimentarse hasta que pueda marcharse.

“Mi mamá tiene una hamaca en el porche donde se sienta para descansar. Él se acercaba y literalmente se arrastraba hasta esa hamaca, se sentaba a su lado y solo quería que le rascaran el trasero y la barbilla. Buscaba acurrucarse. Después comía y se iba”, agregó Nikki.

Y así pasaron tres años, en los cuales Little Hands aprendió a vivir por su cuenta. Pero continua regresando a recibir esos emotivos abrazos que Linda le sabía dar.

Los mapaches vuelven a saludarla todos los añosFoto: Instagram @/red_pangolin

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Desde que Little Hands ya no vive con su mamá humana, Linda acogió a varios mapaches bebés abandonados que no tienen a dónde ir. Y todos los que libera, vuelven a saludarla cada año.

“Todos los días, ella se sienta afuera y espera, e incluso cuando son mayores, la visitan y ella se pone feliz, le encanta. Es más, creo que los mapaches también la aman, ella es solo mamá”, concluyó Robinson.