El chef que ganó popularidad como el jurado implacable de Masterchef y Bake Off, se reinventó. Alejado de la TV abierta, encaró tres proyectos que lo entusiasman.


Es exigente, detallista y perfeccionista. Lo ha demostrado con sus participaciones en los realities gastronómicos más famosos de la Argentina, Bake Off y Masterchef. Por esas características, que ciertamente definen su personalidad -y a las que deberíamos sumar su humor mordaz-, se ganó la fama de ser “el malo” del jurado. Si hablamos del personaje de la tele, la definición puede ser acertada. Pero si la idea es hablar de Christophe Krywonis como persona, si quisiéramos delinear el perfil del chef y su circunstancia, serán otros los adjetivos que entren en juego. Porque Christophe es activo, creativo, frontal y arriesgado. Y eso no es todo.

Durante la charla con Rumbos irá controlando la evolución de un pan de masa madre y hablará de los pilares que sustentan su trabajo: la sencillez y la honestidad. Y casi sin querer dejará entrever un costado profundamente empático. Hay que decirlo: más allá del personaje, Christophe es también un tierno. Y esto su público lo ha sabido detectar, por algo su popularidad, por algo el afecto que recibe a diario.

Adrenalina, insomnio y felicidad

Alejado de la televisión abierta -al menos hasta fin de año- tras haber tomado distancia del equipo de Masterchef Celebrity, Christophe no se toma respiro. Hoy reparte su tiempo en tres emprendimientos de lo más diversos: la Academia de Cocina -un ciclo de clases online en el que enseña técnicas y recetas de la gastronomía tradicional francesa-, la próxima apertura de una cadena de rotiserías con su sello inconfundible y el lanzamiento de una línea de productos para el cuidado personal. Los tres frentes lo tienen ocupado prácticamente a tiempo completo, pero asegura que está feliz. Aunque esto suponga haberse corrido de su zona de confort, reconoce que la adrenalina se traduce cada tanto en noches de insomnio, está feliz. Incluso más tranquilo.

“A mí me gusta la libertad, tomar riesgos para estar mejor. A veces sale bien y a veces no. He tenido mis experiencias y mis errores, pero ahora me doy el gusto de hacer lo que quiero. Estar siempre activo es, para mí, el secreto de la juventud”, asegura.

-Te caracterizás por ser muy honesto, así lo demostraste en cada devolución que diste como jurado en Masterchef y en Bake Off. En la vida cotidiana, ¿vale ser honesto con el que cocina?

-Cuando tengo reuniones con los equipos de trabajo, se trate de marketing, de un menú o de cualquier cosa, siempre les digo que tomen como referencia una sola palabra: honestidad. La honestidad puede ser cruda, pero lo que se vea y se sienta, se tiene que decir. Ahora bien, si uno está en su casa comiendo lo que otro preparó y osa criticarlo, el que cocinó, con todo derecho, puede decirle “no rompas las p.. y andá a comer a la casa de al lado”. Del mismo modo, no hay nada peor que cuando la gente empieza a decirle al asador lo que tiene que hacer… ¡déjenlo trabajar tranquilo!

-Pero si te invitan a comer y te preguntan qué te pareció, ¿das tu veredicto?

-Me guío más por el ánimo del otro al haberme invitado a comer que por la calidad del plato. No se puede vivir de ortiva. No soy tan mala onda, esa es la imagen que a veces tiene la gente…

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-¿Podemos decir que Christophe tiene un costado tierno?

-Sí, en general soy bastante tierno tirando a buenardo. Pero en el trabajo soy impermeable, muy riguroso. Si alguien de mi equipo está en un mal momento en su vida personal, yo lo voy a impulsar hacia el trabajo y no hacia la autocompasión.

-¿Te sigue emocionando cocinar?

-Si ya no me emocionara, dejaría la profesión. A veces me pasa que estoy distraído cocinando y por alguna razón desconocida los planetas se alinean y me llega el recuerdo de un momento o una vivencia, o resulta que un plato me retrotrae a situaciones pasadas, a un viaje o a una historia que me llenan de alegría… Eso sucede, pero esté de mal o buen humor, cocino del mismo modo y con la misma dedicación, porque es mi trabajo y mi función. Además, siempre me importa que esté rico, de lo contrario me transformaría en uno más que cocina para comer.

-Si tuvieras que escribir un brevísimo manual del buen cocinero amateur, ¿qué nos recomendarías?

No importa el poder adquisitivo que se tenga, lo primero y más importante es tener ganas de cocinar. Porque se puede contar con todos los elementos del mundo pero sin ganas no sirve. Luego recomiendo un buen espacio de fuego -nada top, con cuatro hornallas está perfecto-, una buena heladera, una mesa, un buen cuchillo, una tabla… Nada sofisticado. En mi canal de Youtube Mundo Christophe se puede ver dónde y cómo estoy cocinando, es todo muy sencillo. Otra recomendación importante es trabajar siempre con ingredientes de buena calidad y de estación. Hay que ir al mercado y ver los productos. Y otra cosa: después de cocinar hay que limpiar y ordenar todo. No está bien dejarle a otro el laburo tedioso y desagradable.

-¿Te enganchás con las dietas o con algún régimen alimentario en particular?

-Yo soy antidieta. Nunca me gustaron, creo que son obsoletas y además no tienen éxito. Más bien adhiero a la no dieta, a comer bien y sano. Nada de leche descremada, yogur descremado y esas porquerías. Por ejemplo, uso azúcar rubia, menos refinada, y elijo productos artesanales o caseros, como el pan de masa madre, que no cae mal y no engorda tanto. Hay un montón de trucos como para alimentarse con cosas sanas y ricas. Ahora estoy comiendo un poquito de todo, con moderación… Recién me clavé un cucharón de manteca de maní porque me gusta, pero mi almuerzo puede ser un puré de calabaza con filé de merluza o tomates cherry con queso y salsa de soja.

-En general, se tiene la idea de que la cocina francesa es compleja pero con tus propuestas has demostrado lo contrario. ¿Vos cómo la definís?

A la gastronomía francesa la define la pastelería, que es la mejor del mundo, y diría que su esencia también está en las salsas y sus combinaciones. Y ojo que una salsa puede ser simplemente una manteca derretida con un pedazo de limón. Mirando la tradición, vemos que también la distingue un amor profundo por el terruño y el arraigo a lo ancestral.

-Mencionás el arraigo… ¿Por qué elegiste vivir en la Argentina?

-Me instalé en Argentina en agosto de 1990. Este país es genial. La calidad de vida que hay acá no se encuentra afuera, la cotidianeidad aquí es increíble. Incluso yendo a París con mucho dinero para vivir bien, difícilmente uno se encuentre con las salidas con amigos improvisadas que son tan habituales para ustedes. Esa informalidad que tienen los argentinos es muy seductora. Vivo feliz en este país.

-¿Y extrañás algo de allá?

¡Sí! El queso. Aunque aquí hay muy buenos, como los de Mauricio (Couly), y también probé unos de Tafí del Valle excelentes. En Francia ahora los supermercados tienen un sector de productos artesanales donde los grandes nombres tienen sus stands, y allí hay un espacio para algunos quesos argentinos.

Tres proyectos en marcha

Cuenta Christophe que empezó con las clases online como una forma de terapia pasajera y de manera muy casera. “Todo estaba atado con alambre y cinta adhesiva”, recuerda. Eso no fue un impedimento para que el público respondiera, se enganchara y lo siguiera. Y entonces decidió darle un enfoque más profesional, incorporando varias cámaras y una buena plataforma de distribución. “Fue un éxito. En las clases de la Academia de Cocina soy muy Christophe. Pongo mis recetas y luego la gente pregunta de todo, porque la dinámica incluye la posibilidad de hacer consultas a través de un whatsapp que aparece en pantalla”, cuenta el chef. Quienes participaron de las clases se encontraron con una cocina abierta en la que quedó demostrado que cocinar no es complicado.

-Contaste que estás por inaugurar una cadena de rotiserías. ¿Por qué apostaste por una cocina más cotidiana, no tan gourmet como la que podrías ofrecer en otro espacio?

-Yo no soy un tipo muy rebuscado en mi gastronomía, soy muy clásico. Mi cocina es tradicional y gusta a todo el mundo. Son platos sin pretensiones de complejidad, pero sí muy ricos. La idea es que en Roti, ese será el nombre de la cadena, el pollo sea el emblema. Utilizaremos sistemas de spiedo especiales aggiornando las propuestas francesas al paladar argentino y trabajando siempre con productos de primera calidad. Habrá sopas, guarniciones, pastelería… todo hecho en el lugar. Vengo con este proyecto desde hace ya dos años y hoy estoy a full. En diciembre abro el primer local, en marzo el segundo y el tercero en agosto. Arrancaremos en los barrios de Belgrano, Palermo y Recoleta, en la Ciudad de Buenos Aires. Luego iremos viendo.

-Estos nuevos proyectos que encaraste no tienen la misma exposición que hacer televisión por aire. ¿No vas a extrañar la fama?

La fama es chota. No sirve. Salvo para el trabajo o para tener buenos contactos. Además, puede ser famoso el ladrón o el abusador… Prefiero hablar de lo bueno que tiene la popularidad, que es el contacto con la gente, y justamente ahora, con la cuarentena, muchos se dieron cuenta de que soy un tipo de carácter normal. Acabo de desistir de hacer Master Chef; fue una elección muy difícil pero no estaban dadas las condiciones. Hoy estoy feliz con mi rotisería, y eso es mucho más importante que la fama. Hago lo que me divierte. También elegí hacer las clases y es algo que me encanta, aunque sea menos visto que la televisión es un proyecto mío y me llena de orgullo.


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