Trabajo desde casa, videoconsultas médicas y una educación que aproveche la tecnología para incentivar la creatividad. ¿Será así como nos cuentan el mundo que se viene?


Pensar cómo será el mundo después de la pandemia de Covid-19, en cinco o diez años, necesariamente es un ejercicio ficcional. Nadie imaginaba a fines de marzo el sacudón planetario que se venía y sus consecuencias dolorosas; y mucho menos podemos tener certezas, en este minuto a minuto que se ha vuelto la vida, de cómo será la semana que viene. Pero tal vez estemos ante una oportunidad única, como humanidad, de barajar y dar de nuevo: por eso imaginar el futuro y revisar la mochila que traíamos se vuelve fundamental.

¿Cómo influirá en ese porvenir tanta tecnología que incorporamos últimamente? Videoconsultas médicas, teletrabajo, escolaridad y hasta clases de yoga y zumba a distancia. Reuniones de Zoom y WhatsApp, y envíos a domicilio para todo. Recitales y teatro por Face e Instagram… Seguramente muchos hábitos quedarán porque nos facilitaron la vida. Y en paralelo se han dado otros fenómenos, muy distintos, que también marcarán el pulso del futuro. Por ejemplo, la inesperada recuperación ambiental, que exhibió la necesidad de cambios rotundos: dejar de consumir excesivamente, reducir la “huella de carbono” limitando los viajes aéreos (sobre todo laborales, reemplazables con teleconferencias) y descomprimir las urbes hiperpobladas y sus periferias empobrecidas, donde el coronavirus pegó más fuerte.

Todo parece sujeto a revisión. Así está este mundo: un gigante golpeado que se levanta aturdido. Están quienes auguran tiempos más solidarios y los que dicen que el egoísmo seguirá reinando, solo que ahora por chat. Porque, sabemos, en el trasfondo de cualquier cambio posible están los vínculos y lo que hagamos con ellos… Podemos dejarnos llevar por encuestas o pensar, como decían los Redondos, que el futuro ya llegó.

CÓMO SERÁ EL MUNDO LABORAL SEGÚN LAS EMPRESAS

Home office. (123RF)

Muchos aspectos de nuestro trabajo cambiarán tras la pandemia; aún no podemos mensurar efectos, pero está claro que la experiencia del home office (trabajar desde casa) que en estos meses han hecho millones en todo el globo, no pasa desapercibida y que tanto trabajadores como empresas, desde diferentes ópticas, han observado ventajas.

Desde las compañías, de hecho, ya se difunden globalmente relevamientos como el de la consultora Adecco (realizado de marzo a junio entre mil empresarios, gerentes y trabajadores de Australia, Francia, Alemania, Italia, Japón, España, Reino Unido y EE.UU., y al que se sumaron datos de Argentina), que aseveran un cambio rotundo. ¿En qué aspectos? Por ejemplo, dicen, a futuro las rutinas de trabajo serán “híbridas”: combinarán días en la oficina con otros de labor remota (74% de los encuestados lo vio positivo; y entre los argentinos, ocho de diez dijeron que les gustaría seguir con el home office tras la pandemia).

Adecco también augura que crecerán las ganas de incorporar habilidades digitales y que la jornada laboral disminuirá porque trabajaremos “por objetivos”: el 42% de los consultados argentinos admitió dedicar más horas al trabajo desde casa, pero seis de cada diez reconocieron que desde allí trabajan más relajados.

Del otro lado del fenómeno, sindicatos de todo el mundo relativizan las proyecciones y advierten que de no consensuarse a fondo, estos cambios podrían deparar mayor precarización del empleo e inestabilidad laboral. En la Argentina ya se debate en el Congreso un proyecto de ley que plantea una serie de derechos que amparen a quienes trabajan a distancia.

LA SALUD A TRAVÉS DE LA PANTALLA

La telemedicina llegó para quedarse. Si bien las videoconsultas y las recetas digitales no son nuevas, la pandemia las volvió esenciales, sobre todo en el plano de la atención primaria y el seguimiento de patologías crónicas. En un futuro ideal, los hospitales podrían quedar para urgencias e internaciones, colaborando la telemedicina en descomprimir el sistema de salud.

Ejercicio en casa. (123RF)

¿Pero qué cambiaría en lo cotidiano? Por lo pronto, el uso masivo de teleconsultas evitaría que gran cantidad de personas circulen enfermas o se expongan a virus en guardias y consultorios. Otras ventajas son operativas: turnos sacados a través de apps, y nada de extensas filas de hospital ni salas de espera. Credenciales de obras sociales y prepagas digitales, y sistema de receta electrónica. También se verían impulsadas disciplinas como la “gerontecnología”, que aprovecha la inteligencia artificial, sensores y realidad virtual para ayudar a las personas mayores a envejecer en su hogar y en sus propios términos.

La Dra. Mónica Borile, reconocida pediatra de la localidad de El Bolsón (Río Negro) e investigadora de la Universidad del Chubut, radiografía la transición hacia el futuro: “Hace rato que uso Zoom con mis colegas extranjeros y Whatsapp con mis pacientes, porque es la manera de seguirlos cuando viajo por trabajo. La tecnología agiliza mucho, aunque hay pacientes que siempre necesitarán un abrazo y otros temas que demandarán años por la falta de conectividad en las zonas rurales, tanto aquí como afuera. Sin señal nada de esto existe. También tendremos que aprender a comunicarnos: para que haya un diagnóstico seguro, la foto que te mandan tiene que ser nítida. Y los audios… Hay mamás que me mandan la voz del nene llorando ahogado a las 3 am, sin aclaración alguna. Me angustia mucho”.

EDUCACIÓN: EL DESAFÍO DE USAR LA TECNOLOGÍA CON CREATIVIDAD

La educación también atraviesa replanteos profundos. Escuelas, facultades y talleres de todo tipo se han adaptado a la virtualidad. Las videoclases amplificaron la posibilidad de llegar a multitudes y los chicos mandan las tareas por WhatsApp… Pero el coronavirus también reveló la falta de acceso generalizado a dispositivos y conectividad en el mundo, y que las y los docentes saben menos de tecnología que sus estudiantes. Y en medio de todo, se ha revalorizado la insustituible labor docente frente a la dificultad familiar para encarar la enseñanza en el hogar. ¿Cómo será el futuro a partir de todo esto?

Estudiar en casa. (123RF)

Un sinfín de recursos llegaron para quedarse: redes sociales escolares (Edmodo, muy usada, parecida al Facebook), pizarrones digitales (Padlet), “Atelier de tablets”, Zoom y chats para evaluaciones.

Durante un debate sobre estos temas propuesto por la UCA hace semanas, el experto en políticas educativas Carlos Torrendell decía: “Con la tecnología también podríamos seguir impartiendo educación tradicional. Ojo que si esa lógica continúa, habremos aprendido a usar la tecnología para una dinámica sin innovación”.

Victoria Suárez, maestra de nivel inicial, reflexiona: “El futuro nos invita a incorporar la tecnología de forma creativa y recuperar las artes como materias fundamentales en la escuela. Ellas nos prepararán para afrontar trances difíciles como estos. El desafío será enseñar a algo que no se encuentre en la red, es decir, a interpretar.”





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