Esta plantita se ha ganado una mala fama injusta: su valiosa presencia puede estar avisándonos que nuestro árbol está enfermo.


Un mito popular dice que el clavel del aire (Tillandsia aeranthos) mata árboles, pero no es así. Esta planta epifita utiliza al árbol para fijar sus raíces en un lugar alto y poder, desde allí, captar las micropartículas del aire que son su alimento; es decir, se nutre del aire, no de la planta.

Se fija en cuerpos inertes, como un cable de metal o el plástico, de los que no puede extraer nada. Cuando un árbol está sano, desarrolla un anillo de crecimiento del tronco hacia adentro, que aumenta el espesor de la rama; y otro anillo hacia afuera, que en su vejez se transforma en lo que conocemos como corteza; esta cae al suelo en forma de polvillo o en bandas (eucaliptus).

Una rama que no crece está muerta o a punto de morir, no exfolia su corteza, por lo que la semilla del clavel del aire nacerá allí. Si el árbol estuviera sano, la semilla caería al suelo con la corteza. En conclusión, el clavel del aire “es el mensajero” que nos avisa que ese árbol tiene algún inconveniente en su crecimiento o una enfermedad que no le permite crecer.





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