Cómo podemos identificar esta lesión tan común, y sobretodo qué tenemos que hacer ante ella.


Después de la luxación de hombro, la de codo es la más frecuente. Para que ocurra se necesita una fuerza considerable. La mayoría de las veces se da en el contexto de actividades deportivas y, sobre todo, en adolescentes y hombres jóvenes, aunque también puede acontecer en mujeres grandes y por una caída, como le pasó hace poco a Susana Giménez.

La articulación del codo está formada por tres huesos: el húmero, el cúbito y el radio. El húmero es el hueso del brazo y los otros dos, del antebrazo. Por su configuración anatómica (posee una doble articulación) y sus fuertes medios de unión (ligamentos y cápsula), el codo es una articulación muy estable.

La mayoría de las veces la luxación se produce por un mecanismo indirecto, al caernos sobre la mano con el codo extendido. Puede ocurrir también durante una caída de espaldas con el codo extendido. El sufrimiento del complejo componente ligamentario del codo y su lesión parcial o total será lo determinante a la hora de evaluar el grado y severidad de la contusión. La energía del traumatismo es un dato importante, por lo que es esencial que el médico investigue si existen también fracturas. Cuando esto ocurre, el codo se vuelve inestable y puede volver a luxarse o salirse incluso estando inmovilizado con yeso.

Esta luxación se presenta con deformidad, dolor e impotencia funcional (prácticamente movilidad limitada en forma completa). Muy raras veces puede haber adormecimientos de los dedos por compromiso de algún nervio local o palidez de estos con disminución o ausencia de pulso. Este último caso representa una urgencia que puede derivar en una cirugía inmediata.

Para diagnosticar este tipo de luxaciones, se solicita una radiografía de frente y perfil del codo con el fin de descartar fracturas asociadas. El objetivo es tener un diagnóstico completo antes de acomodarlo.

Existen luxaciones simples o complejas en virtud de los ligamentos involucrados y sus diferentes porciones y, por supuesto, la presencia de fracturas.

Tras la urgencia, se sugieren estudios complementarios, como una tomografía en 3D, una resonancia y, si el caso lo demanda, una sedación en el quirófano para evaluar al paciente con maniobras de estrés en posiciones forzadas que constaten la estabilidad o no del codo. En muchos casos la resolución es quirúrgica, sobre todo ante luxaciones complejas.

Ante una luxación, el tratamiento primordial es la reducción (acomodarlo). Para ello, lo primero es que el especialista le tome una radiografía al paciente. Luego se procede a la colocación de una férula de yeso y se realiza una nueva radiografía para certificar que el codo está acomodado. Si se trata de una luxación simple, se harán controles semanales con radiografía. La inmovilización suele retirarse a las dos o tres semanas y se da inicio a un estricto plan de rehabilitación kinesiológica.

Si la luxación es compleja, se intentará siempre la reducción antes que nada, aunque en más de una oportunidad el codo se acomoda y luego se vuelve a salir.

Es común que una luxación de codo, sea sencilla o compleja, demande más de un año de tratamiento.





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