Un reconocido dermatólogo analizó el artefacto que revolucionó las redes sociales.


La moda ha generado tendencias en el consumismo inexplicables e innecesarias, algo que se ve reflejada en “Beauty Fridge”. Una heladera en miniatura que sirve para guardar productos de belleza. Fabricantes y especialistas opinaron sobre el uso del producto que revolucionó las redes sociales.

La idea surgió desde la empresa Makeup Fridgem, donde Ilona Safonova, su fundadora y CEO, vio una foto de una amiga en Instagram que le llamó la atención: una cava de vinos pequeña llena de productos de belleza. “Me dijo que sus cosméticos eran orgánicos, y que si no los guardaba en la heladera, se ponían feos después de un mes de abiertos”, dijo sobre la situación que ocurrió en 2019.

The Cosmetics Fridge

Desde el lanzamiento de Makeup Fridge en enero, se vendieron entre 200 y 300 unidades, unos 15 mil a 20 mil dólares por mes. El rango de precios del artefacto y sus similares que surgieron desde su presentación va desde los 80 a los 180 dólares.

“Brindan felicidad, son visualmente muy atractivas y crean una atmósfera de spa en casa”, aseguró en aquel momento Janice Chang, gerenta de marketing de FaceTory. “Muchas influenciadoras ven nuestra heladera y la quieren. Es muy difícil resistirse”.

“Las heladeras de belleza no son necesarias; son apenas una movida de marketing. Cada vez que un producto es lanzado al mercado, tiene que pasar una prueba de estabilidad, que muestra que no se descompondrá a temperatura ambiente ni perderá su eficacia una vez abierto”, explicó a la revista de moda ELLE el doctor Dennis Gross, dermatólogo en Nueva York.

Además, agregó que todos los cosméticos deberían soportar el calor extremo, incluso las temperaturas de un horno: “A menos que el fabricante sugiera guardarlo en frío o que haya sido vendido en una heladera, no hay razón para refrigerar los productos de belleza”.

The Cosmetics Fridge

El especialista remarca que esta moda no dista mucho de algunos viejos trucos como ponerse rodajas de pepino en los párpados o una bolsa de arvejas congeladas. “Refrigerar los productos no hace nada más que podría hacer el hielo o una bolsa de arvejas congeladas; nunca vi una prueba que demostrara lo contrario”. Dentro de esto, el doctor alerta sobre la exposición de las cremas a temperaturas fluctuantes, lo que podría causar inestabilidad “y daños en la integridad del producto”.





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