Hace ya algunos años irrumpió una nueva generación de escritores argentinos excepcionales, con una variedad de estilos y temáticas que van desde la ciencia-ficción a los relatos existenciales, decididos a conquistar lectores adultos.


AGRIMBAU E IPPÓLITI: legítimos herederos de los grandes maestros

Eden Hotel

Dignos herederos de los grandes maestros argentinos de la ciencia-ficción (Oesterheld, Solano López, Trillo, Altuna, Juan Giménez…), el guionista Diego Agrimbau y el dibujante Gabriel Ippóliti armaron una yunta interesantísima. Con estatura ya de clásico moderno, editado habitualmente en países como España y Francia, Agrimbau dio vida junto a Ippóliti a La Burbuja de Bertold, un cómic que plantea una Argentina trastornada y futurista, en clave orwelliana, en la que resuenan reflexiones sobre la desigualdad social, el autoritarismo y, por supuesto, el rol de la tecnología. Otra joya de ambos es Edén Hotel.

SOLE OTERO: de las parejas tóxicas a las fábulas de ciencia ficción

Sole Otero

Su primera novela gráfica –Poncho Fue, de 2017– reveló a una creadora en estado de gracia, que ha sido publicada en países de mucho paladar “historietero” como Francia y España. En Poncho Fue, Sole desnudó el infierno superficialmente imperceptible que anida en las relaciones de pareja. Luego, bajo el influjo de Isaac Asimov y Kurt Vonnegut, publicó Intensa una historieta que mezcla humor y ciencia-ficción, en la que narra las desventuras de Coco, una alien cuya nave hace guardia cerca de la Tierra. Viene de una civilización en la que las hembras mueren inevitablemente cuando dan a luz, por lo que han decidido huir.

IGNACIO MINAVERRY: el mayor talento de la nueva generación

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Maestro de la “línea clara” –el estilo preciso y contenido que globalizó Hergé con Tintín–, Minaverry viene, desde hace años, dando forma a relatos que hablan de temas sin tiempo ni época, como el poder, la maldad y el amor. El corazón de su obra es la “saga Dora”, la historia de una chica judía que pierde a su padre en un campo de concentración. Con el escenario de unos magistralmente estetizados años 60, Dora inicia su formación como cazadora de nazis. Tras la publicación de Malenki Sukole, el tercer tomo de la saga, hace poco llegó a las librerías el cuarto, titulado Amsel, Vogel, Hahn, publicado por Hotel de las Ideas.

POWER PAOLA: la escritora que se mete en las entrañas del mundo del arte

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Colombiana, radicada desde hace muchos años en la Argentina, Power Paola es una de las más brillantes cultoras de un género que le sienta como un guante a la nueva historieta argentina: la autobiografía. Su novela gráfica Virus tropical es uno de las obras más celebradas de los últimos tiempos, un relato que pasa por temas como la infancia, los amigos, la familia, la religión, el dinero, la adolescencia, el trabajo y el amor. La historia explora la búsqueda de la identidad personal y colectiva en un mundo globalizado. Y lo hace a través de un estilo gráfico magnífico y de una manera de narrar onda “honestidad brutal”.

LUCAS VARELA: el viaje a Francia de un genio en estado puro

Lucas Varela

Ya desde muy jovencito, Lucas Varela pintaba para convertirse en un grande de la historieta nuestra. Eximio e imaginativo dibujante, creador de relatos recontra originales, comenzó publicando en fanzines independientes y armó yunta con el mítico guionista Carlos Trillo, con quien publicó perlas como Sasha despierta y El síndrome Gustavino. Radicado desde hace algunos años en Francia, donde se convirtió en un autor de culto, hace poco publicó El día más largo del futuro, una fábula de ciencia-ficción que plantea reflexiones sobre una sociedad alienante e hiper-tecnificada. Otro hito suyo es Paolo Pinochio.

MARÍA LUQUE: la maestra indiscutible de los relatos de terror

María Luqiue

Llamada a ser un hito de la nueva historieta argentina, La mano del pintor es la primera novela gráfica de María Luque, quién recibió el Premio de Novela Gráfica de la última Feria del Libro de Guadalajara por su nuevo trabajo, Casa transparente. El disparador del relato es “el mal del dibujante”, una afección típica de ilustradores y pintores que inflama los tendones de la mano. A partir de eso, establece un diálogo imaginario y entrañable con Cándido López –el legendario pintor de la Guerra del Paraguay– en el que se habla de la guerra, de la paz, de la amistad y, por supuesto, de la pasión compartida por el dibujo.





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