Hace unos días, comenzando a armar los cursos de este año, encontré un estudio que había hecho sobre Elizabeth Gaskell.

Para hablar de ella debemos recordar que el S.XIX no sólo dio grandes escritores a Occidente, sino que produjo lo que llamamos géneros literarios, que eran desconocidos por entonces.

Uno de estos géneros fue el de la Novela Laborista, iniciada en Inglaterra por Mrs. Gaskell y Charlotte Brontë, donde el obrero urbano irrumpe en la narrativa cuando el ferrocarril, la luz de gas y los motores a explosión dan paso a las grandes fábricas. Por leyes injustas y condiciones de trabajo terribles, el tema influyó fuertemente sobre la conciencia social de estas dos mujeres.

Al parecer, Mrs. Gaskell se adelantó a Charlotte Brontë, pues su novela Mary Barton se editó varios años antes que Villette.

Elizabeth Gaskell nació en 1810. Siendo una hermosa joven, se casó con un ministro religioso y lo siguió a Manchester, donde compartió su vocación. Una ensayista dijo: "Su reacción frente a las injusticias de la Inglaterra industrial brotaba del corazón, pero fue regida por su cabeza; jamás recargó las tintas como hizo Dickens; las de la sobria verdad le parecieron bastante." No creo que Dickens recargara las tintas: él fue la conciencia victoriana y la reina lo apreció, pues muchas veces prestó atención a sus denuncias.

Mrs. Gaskell, en principio, se dedicó al hogar, a los hijos y a obras de caridad propias de la esposa de un pastor, y así conoció la desesperación de las familias trabajadoras.

Su único hijo varón murió siendo niño, y ella quedó sumida en el dolor. Fue su marido quien la instó a escribir, y ella eligió la novela para mostrar cómo vivía una gran franja de la sociedad. Editó Mary Barton en 1848 y en 1854, Norte y Sur, de la que se filmó una espléndida miniserie.

El éxito fue inmediato en toda Gran Bretaña y Dickens le pidió que escribiera en su periódico.

Mary Barton comienza con el incendio de una fábrica. Como hay recesión en la venta de paños y además tienen seguro, los dueños no se apuran a reabrirla. Los trabajadores son suspendidos y el padre de la joven que da título al libro, con otro tejedor, van a visitar a un compañero que está enfermo.

El realismo con que la autora describe la escena es estremecedor. La vivienda, dos metros por debajo del nivel de la calle, era un sótano que daba a un espacio común anegado de aguas servidas. Adentro reinaba una hedionda oscuridad. Los niños tiritaban de frío, pues la estufa estaba apagada. Al lado de la cama, una mujer sollozaba junto al hombre padeciente.

Los visitantes llevan comida y los chicos la devoran en un santiamén. Barton, desesperado, regresa a su casa, toma las ropas de abrigo que le quedan y las empeña para comprarles pan y carbón.

Con la misma naturalidad, la autora nos muestra la otra Inglaterra –la imperial– en la casa de los patrones, a donde se dirige el amigo de Barton. No va a pedir dádivas, sino una papeleta para internar al amigo en el hospital. La escena es conmovedora aún hoy, porque nos muestra a una clase trabajadora llena de dignidad, que luchaba por su oficio y se sacrificaba por sus compañeros.

La mansión se alza en medio de un parque. Cuando lo hacen pasar, el hombre observa, consternado, cuanto ve; espera en la cocina, una habitación limpia, caldeada, donde se asan chuletas, las criadas hacen tostadas y borbotea el café. Estos olores lo marean, pues no ha comido en días…

Sugerencias:

1) Mary Barton puede comprarse en usados o leerse en PDF.

2) Ver la miniserie Norte y Sur, sobre la novela de esta misma autora.