Violenta pelea en un colectivo: un chofer y un pasajero se enfrentaron y quedó todo grabado
La Unidad de Flagrancia del Oeste abrió una causa y, a partir de las primeras actuaciones, ordenó la detención de las personas implicadas.


Un episodio de máxima tensión ocurrió en el barrio porteño de Flores, donde un chofer de la línea 113 y un pasajero se enfrentaron en una pelea violenta dentro del colectivo, incluso con la unidad en movimiento. A pesar de la gravedad de la situación, el incidente no dejó personas con heridas de consideración.


El hecho tuvo lugar el 26 de enero pasado en el cruce de la avenida Rivadavia y Nazca, aunque recién en los últimos días trascendieron mayores precisiones. Según informaron fuentes policiales, el pasajero, que presuntamente se encontraba bajo los efectos del alcohol, denunció haber sido agredido por el chofer, lo que dio origen a una investigación para reconstruir cómo se inició la pelea.
En su declaración, el conductor sostuvo que reaccionó en defensa propia ante amenazas y disturbios previos que, de acuerdo con su versión, había provocado el pasajero. La situación resultó particularmente delicada porque el colectivo siguió circulando mientras se desarrollaba el enfrentamiento, un contexto que pudo haber derivado en consecuencias graves.
A pesar de la violencia del episodio, no se registraron personas heridas ni víctimas fatales. Sin embargo, la gravedad del hecho encendió las alarmas y motivó la intervención inmediata de la Unidad de Flagrancia del Oeste, que abrió una causa y ordenó la detención de ambos involucrados para avanzar con el esclarecimiento.
El chofer quedó imputado por el delito de lesiones, mientras que el pasajero fue acusado por amenazas. Este tipo de situaciones vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre la seguridad en el transporte público y las condiciones en las que se desarrollan los viajes cotidianos.
Un chofer que se ve involucrado en una pelea con un pasajero puede afrontar distintas sanciones en el ámbito laboral, que van desde apercibimientos y suspensiones hasta la desvinculación, de acuerdo con la gravedad del episodio y lo que disponga la empresa o el convenio colectivo. Además, la compañía suele iniciar un sumario interno para establecer responsabilidades y analizar si el accionar del conductor se apartó de los protocolos vigentes.


En el plano judicial, si se acredita una agresión, el colectivero puede ser imputado por el delito de lesiones u otras figuras penales. Incluso podrían aplicarse inhabilitaciones o restricciones para conducir transporte público, en caso de considerarse que su conducta puso en riesgo la seguridad de los pasajeros.