Subió al micro como un pasajero más, se sentó junto a un desconocido y lo decapitó frente a todos
El brutal episodio ocurrió durante el viaje y dejó en shock a quienes presenciaron la escena.


La noche del 30 de julio de 2008, lo que parecía ser un trayecto habitual se transformó en una escena de terror para los pasajeros de un micro de la empresa Greyhound Canada.
El vehículo circulaba por la autopista Trans-Canada, en la provincia de Manitoba, cuando uno de los pasajeros atacó de manera inesperada al hombre que viajaba sentado a su lado.

La víctima era Tim McLean, un joven de 22 años que regresaba a su hogar luego de trabajar en una feria. De acuerdo con los testimonios de quienes estaban a bordo, McLean viajaba escuchando música y prácticamente no había tenido ningún tipo de interacción con el hombre que ocupaba el asiento contiguo.

Sin previo aviso, el agresor se lanzó contra él con un cuchillo de grandes dimensiones. Todo ocurrió en cuestión de segundos y provocó momentos de desesperación entre los pasajeros, que intentaban entender lo que sucedía mientras buscaban la manera de abandonar el vehículo.
Los testigos aseguraron que el atacante comenzó a apuñalar a Tim McLean en reiteradas ocasiones, sin que existiera una discusión previa ni una situación que anticipara semejante nivel de violencia. Ante la emergencia, el conductor detuvo el micro a un costado de la ruta y abrió las puertas para permitir que los pasajeros escaparan.
Mientras varias personas descendían corriendo, algunos hombres intentaron volver al interior del vehículo para ayudar a la víctima. Sin embargo, el agresor los amenazó con el cuchillo y les impidió acercarse.
La situación continuó durante varios minutos hasta que ocurrió uno de los momentos más estremecedores del caso: el atacante decapitó a la víctima dentro del micro, frente a varios pasajeros que quedaron marcados para siempre por la escena que presenciaron.
Cuando los primeros policías llegaron al lugar encontraron un escenario completamente inusual. El atacante permanecía encerrado dentro del vehículo, caminaba por el pasillo y sostenía el arma blanca mientras las autoridades intentaban controlar la situación.
Los efectivos rodearon el ómnibus e iniciaron una negociación que se prolongó durante horas. Durante ese período, el agresor mantuvo un comportamiento errático que sorprendió incluso a los agentes con más experiencia.
Finalmente, un grupo táctico aprovechó un descuido para ingresar al micro y detener al sospechoso sin efectuar disparos. La captura permitió poner fin a una situación que había paralizado la zona durante gran parte de la noche.
El responsable del ataque fue identificado como Vince Weiguang Li, un ciudadano de origen chino que vivía en Canadá desde hacía varios años. Durante la investigación, los especialistas determinaron que atravesaba un cuadro severo de esquizofrenia que no había recibido tratamiento.
Los peritos psiquiátricos concluyeron que, al momento del crimen, Li estaba atravesando un episodio psicótico que había alterado completamente su percepción de la realidad. Según explicaron los especialistas, el hombre creía que la víctima representaba una amenaza sobrenatural contra su vida.
Ese diagnóstico tuvo un papel fundamental durante el proceso judicial y abrió un profundo debate en Canadá sobre la responsabilidad penal de las personas que cometen delitos mientras atraviesan trastornos mentales graves.
Durante el juicio, la defensa argumentó que Vince Li no podía ser considerado penalmente responsable debido a su estado psicológico al momento del ataque. Los informes médicos respaldaron esa postura y el tribunal aceptó las conclusiones de los especialistas.
En lugar de recibir una condena tradicional, el acusado fue enviado a un hospital psiquiátrico de máxima seguridad para iniciar un tratamiento. La decisión generó fuertes críticas por parte de la familia de Tim McLean y de sectores de la sociedad canadiense.
Con el correr de los años, las autoridades médicas determinaron que Li presentaba una evolución favorable. De manera progresiva obtuvo permisos de salida, mayores libertades y finalmente fue dado de alta bajo determinadas condiciones.

La posibilidad de que recuperara la libertad generó una intensa polémica. Mientras algunos ciudadanos consideraban imposible que el responsable de un crimen de semejante brutalidad volviera a vivir fuera de una institución, especialistas en salud mental defendieron la medida al sostener que el tratamiento había logrado controlar su enfermedad.
El caso se convirtió en un ejemplo internacional sobre la aplicación de la inimputabilidad por trastornos mentales y sobre el complejo equilibrio entre la seguridad pública y los derechos de los pacientes psiquiátricos.
Más de quince años después, el asesinato de Tim McLean continúa siendo uno de los episodios criminales más impactantes de Canadá. La brutalidad del ataque, la presencia de numerosos testigos y el debate judicial posterior hicieron que la historia trascendiera las fronteras del país.
El crimen también impulsó nuevas discusiones sobre la atención de personas con enfermedades mentales y los mecanismos de seguimiento para quienes padecen trastornos psiquiátricos severos.
Hasta la actualidad, el caso sigue siendo recordado como uno de los hechos más estremecedores ocurridos dentro de un transporte público: un viaje común que terminó convertido en una tragedia imposible de olvidar.