Fue durante un acto realizado el auditorio de la Cancillería argentina


El gobernador Gerardo Morales destacó que la próxima celebración del carnaval en la provincia “es una gran oportunidad para vivir la potencia y la fuerza de la cultura jujeña”.

Morales realizó esas declaraciones al participar de la presentación del carnaval de Jujuy, con sus bailes, música y coloridos trajes típicos, en el auditorio “Manuel Belgrano” de la Cancillería argentina, en Buenos Aires.

En Jujuy, el carnaval es un festejo popular que se celebra hace más de cinco siglos y en los últimos años creció en presencia de turistas y relevancia.

El gobernador Morales junto al canciller Faurie. Ambos encabezaron la presentación del Carnaval jujeño a diplomáticos extranjeros.

“Jujuy es la provincia más andina de la Argentina, con cerca de 350 comunidades indígenas, y el carnaval es una gran oportunidad para vivir la potencia y la fuerza de la cultura jujeña”, dijo durante la presentación el gobernador Morales.

También participaron el canciller Jorge Faurie y la senadora nacional Silvia Giacoppo, una de las organizadoras de la presentación, junto a la revista Imagen Diplomática y la propia Cancillería.

“El carnaval en Jujuy ‘se vive’, porque el público es parte y protagonista”, expresó Giacoppo sobre las características de esta celebración.

Asistieron también a la presentación la senadora Norma Morandini -directora del Observatorio de Derechos Humanos del Senado de la Nación- y los embajadores Jürgen Christian Mertens (Alemania), David Usher (Canadá) y Rashad Aslanov (Azerbaiyán), entre otros invitados especiales y la prensa.

El Carnaval de la Quebrada de Humahuaca, en Jujuy, se vive intensamente con la participación de lugareños y visitantes.

La festividad comienza durante la Cuaresma (cuarenta días antes de Semana Santa), con el “desentierro del Pujllay”, símbolo del carnaval jujeño, representado por un muñeco de trapo.

Con el “permiso” de la Pachamama, las comparsas van hacia los cerros para desenterrar un muñeco de diablo en miniatura que luego los acompañará el resto de los festejos, que duran nueve días.

Durante ese lapso se da rienda suelta a la música, bailes, comidas típicas, los desfiles, disfraces y festejos de los que participan las familias enteras.

La creencia local dice que de esta manera el “Pujllay” (diablo) queda satisfecho y no molesta a los habitantes del pueblo por el resto del año, hasta el próximo carnaval, cuando el ritual debe repetirse.




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